Eran los conductores de las recuas de mulas, con las que transportaban mercancías por toda España. Washington Irving a mediados del siglo XIX los describía de esta forma: “Es asimismo muy pintoresco el tropiezo con una fila de arrieros en un puerto de la montaña. En primer lugar se oyen las campanillas de las mulas de delante, que rompen con su sencilla melodía la paz de las colinas; o quizás, la voz de un arriero que grita a alguna bestia perezosa o salida de la recua, o canta alguna balada tradicional con toda la fuerza de sus pulmones. Ves, en fin, las mulas en lentos zigzags a lo largo del escarpado desfiladero, o bajando muchas veces tajos profundos hasta que su silueta se perfile sobre el horizonte, o subiendo por las simas ásperas y profundas abiertas a sus pies”. El oficio de arriero es uno de los oficios con más tradición de la zona. «Los arrieros tienen sus costumbres seculares, manejan su propio vocabulario, romances, y tienen hasta su propio cante por arriería. Los arrieros son gente que han hecho divorcio con las sábanas y se han casado con las enjalmas; son tan diligentes y presurosos que, a truco de no perder la jornada, perderían el alma; su música es la del mortero; su salsa, la hambre; sus maitines, levantarse a dar sus piensos, y sus misas, no oír ninguna«. Las profesiones de tipo más o menos nómada, como las de arriero, trajinero, recadero, recovero, buhoneros, vendedor ambulante o artesano ambulante habían sido ya usuales entre los moriscos aún antes de su expulsión general. Y aunque nunca han gozado de gran prestigio eran imprescindibles en un mundo donde el motor de explosión no llegaba a todas las partes. En esta zona su pervivencia ha llegado hasta épocas muy recientes, sobre todo, en la sierra, donde los medios de transporte basados en el motor de explosión han tenido una introducción más tardía. Hasta épocas muy recientes los arrieros han tenido una gran relación con el mundo de la corcha. Otra de las labores tradicionales relacionadas con el arriero fue el carboneo, actividad
fundamental en la zona hasta la década de los sesenta. En esta foto de la década de los veinte podemos observar a dos benalupenses, transportando harina hacia Vejer, la segunda es una foto de Mintz, se trata de Diego Ruiz «El Engomao» en la plaza Rafael Bernal. En 1997, Santo, escribió la comparsa el Ventorrillo, una maravilla integral, donde los arrieros tenían un especial protagonismo. Así decía en el Popurrit:
“… Los mulos mejor “domaos”
Y mejor “atalajaos”
Asoman de Casas Viejas
Balbino y el Engomao
Portátil y Cojo Chinejas
Marcan compás a sus recuas.
Llegan los arrieros
Rayando el día al Ventorrillo
Comen pan, lomo y vino
Navaja del bolsillo…”
