La primera foto es de Mintz, la segunda del diario de Cádiz y la tercera de El Roto.

Ya he explicado muchas veces que el libro de Mintz «Coplas de carnaval…»trata sobre muchas materias, pero el núcleo central es la sociedad benalupense de los sesenta y setenta, utilizando las coplas de carnaval como hilo conductor. De él, os traigo hoy un fragmento que me parece muy significativo. Trata sobre una discusión política en una campaña electoral, como ahora. «Como Antonio , un joven albañil y uno de los dirigentes locales del PSOE que se había presentado como aspirante a concejal, explicó:
El PSOE no puede expresar su programa real por miedo a asustar a todos. Son partidarios de la reforma de la tierra, con granjas colectivas dirigidas por el gobierno. Quieren una educación pública y se oponen al sistema escolar administrado por la Iglesia. Están a favor de las leyes que permiten el divorcio y el derecho de la mujer a escoger el aborto bajo ciertas circunstancias. Estoy preocupado por si ganamos. La situación económica es muy mala. «
Casi treinta años después el tema del divorcio y el aborto están superados (aunque hay un sector de la izquierda que pide que se amplien los supuestos del aborto), el asunto de la iglesia y la educación continua sin cambios, pero se ha generalizado la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, lo que me parece un gran adelanto. Sin embargo, en el tema de la propiedad de la tierra seguimos lo mismo. Y aunque ya no se escucha hablar sobre el problema agrario, porque los jornaleros se han convertido en albañiles, la no resolución del problema de la propiedad de la tierra está en la raíz de los problemas estructurales de nuestra economía (tema para otro artículo). Sigamos con Mintz.
«La discusión en la calle enfrente del Bar Pepe era menos circunspecta. Cuando el farmacéutico se detenía para saludar a un conocido, Antonio aprovechaba la oportunidad para acusarlo de arrancar los carteles del PSOE.
«¡Ridículo!», decía el farmacéutico. «¡No me acuses!»
Antonio se puso aún más rencoroso: «¡Hemos tenido cuarenta años de dictadura y ahora esto!» Era un dicho popular y atraía aún más atención. El dueño de la tienda que estaba junto a la fuente se unió a la discusión para defender al farmacéutico, pero el círculo de defensores de Antonio aumentó. Uno de los trabajadores abordó al tendero y gritó: «Tú no te metas en esto. No toques a Antonio.» El farmacéutico no perdió la calma y las tensiones amainaron. Más tarde, Antonio admitió que sabía que el farmacéutico no había arrancado los carteles personalmente, pero alguien de su partido seguro que lo había hecho
«.
Los mismos protagonistas siguen hoy en sus mismas posiciones ideológicas, pero ya con posturas más moderadas y templadas. Es más, como ahora tienen una relación de amistad los protagonistas de esa escena, no es concebible que se vuelva a repetir. Ha pasado la tensión de la transición y hemos consolidado, después de la dura prueba que comentábamos ayer, nuestro sistema. Aunque si me cuentan que el ex-«joven albañil» se ha enredado en una discusión política defendiendo al PSOE, en los recreativos del bar de Pepe o en lo de Ricardo o en su peña barcelonista, me lo creo perfectamente. Lo conozco bien, este Antonio cuando llegan las campañas electorales se tranforma, sufre metamorfosis, como los gusanos de seda que se convierten en mariposas, a nuestro Antonio le entran toneladas de adredalina en el cuerpo y se come el aire defiendo sus ideas e intentando convencernos a los demás. Lo de animal político de Aristoteles se le queda corto a este personaje, que lleva 30 años defendiendo sus ideas y que tiene muy claro que la política la haces o te la hacen. Ha habido veces que he sentido en carne propia su adredalina de campaña electoral, pero es de admirar, independientemente del partido, que tras treinta años siga pegando carteles como toda la vida, el viernes lo ví desde el antiguo Colmena, y que siga trabajando en el campo, como siempre. Decía mi paisano Miguel Ríos que los viejos rockeros nunca mueren, pero este Antonio, por si acaso, hasta se ha asegurado la continuidad. Una continuidad, con una alta preparación en un sistema público por el que su padre tanto luchó y sigue luchando. Si la política puede ser un espejismo para conseguir relaciones de igualdad, independientemente de la adredalina de las campañas electorales, la educación no, la educación es el único instrumento que conozco para conseguir la libertad y la igualdad. Feliz domingo y feliz comida campestre para el que la tenga en sus planes.
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2 comentarios en “La adredalina en las campañas electorales

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