Este artículo, como el anterior, como otros muchos, está basado en un estudio realizado sobre el Benalup de Jerome Mintz que se va a publicar como anexo en el libro de este «Coplas de carnaval…». Estoy preparando para poner esta tarde una presentación con todas estas fotos de Mintz. La viñeta es del Roto, claro.
El Tajo, junto con Paternilla, van a ser los barrios donde más resistencia a su desaparición van a poner las chozas. La causa es la misma que explica la forma de paloma que tiene el pueblo visto desde la carretera de los Barrios. Las alas son los barrios de Paternillas y el Tajo. Allí se construyeron las chozas, que son ahora casas, levantadas en vías pecuarias, en terreno del Estado, en lo que en la zona se denominan “padrones”. Cuando alguien llegaba nuevo al pueblo buscando trabajo en los latifundios cercanos o cuando un miembro de la familia contraía matrimonio aparecía la necesidad de la vivienda. Para una gran parte de la población la única alternativa era la construcción de una choza. Había dos vías; la legal y la política de los hechos consumados. Para construir la choza en los “padrones” necesitaban el permiso de la lejana e inaccesible Medina de Sidonia. Las gestiones las podía hacer el Padre Muriel o el alcalde pedáneo de turno. La otra forma de apropiarse de un terreno donde construir la choza consistía en que toda la familia recogía la castañuela y demás elementos necesarios situándolos junto a otra choza. Una noche dada, se ponían manos a la obra y con la ayuda de los vecinos la levantaban. En los días siguientes, cuando llegaba el hecho a conocimiento de las autoridades éstas le imponía una pequeña multa, pero la choza quedaba construida. Es el mismo sistema que ahora se está llevando a cabo en las Lagunetas o en Villalatas, por ejemplo, lo que ocurre que en este caso se trata de viviendas de segundo uso, que responden a otro tipo de necesidades.
Evidentemente, los materiales necesarios para su construcción son baratos y asequibles. La castañuela es el principal y abunda en los arroyos, barrancos o en la antigua laguna de la Janda. Este pasto bien sujeto y amarrado, no dejaba pasar el agua, el frío o el calor. En el centro, sobre todo cuando se trata de viviendas de considerables dimensiones, suele aparecer un palo, a este se le denomina cumbrera, pues funciona como eje y sostén principal de la cubierta de paja. La castañuela descansa sobre unos palos o “costillas”, que formaban la estructura de la choza. Sobre éstas se iban colocando las cañas que iban a servir para aguantar el pasto, que se cosía con tomiza y una aguja de hierro; las cañas verticales se les denomina “padrones” y las horizontales “latas”. En las chozas no había habitaciones, como mucho unas cortinas separaban unos espacios de otros. En cada cama dormían dos o tres personas. El suelo era de tierra y en algunas ocasiones loza de piedra. Pasemos ahora a describir el mobiliario. Aunque a veces se construía una segunda choza que hacía de cocina, lo más general es que en una sola instancia se unieron las funciones del salón, de la cocina y de los dormitorios actuales. En un mismo habitáculo coincidían la cocina, el comedor o el dormitorio. La luz eléctrica no existía en las chozas, la iluminación nocturna se hacía a base de candiles o lámparas de carburo, los famosos fogarines, que tantos fuegos crearon y que dieron el apodo a una de las familias más populares y amplias del pueblo.

Arriba una choza, abajo un casarón. Se ven las costillas, la cumbrera, el muro y la castañuela para ambas techumbres.






Evidentemente las viviendas actuales tienen unas calidades que no resisten comparación alguna con estas que llegaron hasta los años setenta, lo que si persiste o ha aumentado son las dificultades al acceso de la vivienda. Me cuentan que en una reunión que hubo para explicar la forma de acceder a una casa de protección oficial aquí en Benalup, les comunicaron a los interesados que la cuota mensual oscilaba en torno a los setecientos euros. Evidentemente, es una cantidad inalcanzable para las muchas familia mileuristas o menos que todavía existen en Benalup. Y esto si es una realidad constatable.
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