Eduardo de Guzmán hace unas magníficas y preciosas crónicas sobre Casas Viejas en el periódico La Tierra que algún día alguien tendría que publicar, lo de la editorial Vosa se quedó cuando menos corto. El 28 de enero de 1933 escribe: «El señor no cultiva. La ganadería le produce, sin ningún trabajo, un rendimiento saneado; los trozos cultivados le proporcionan una renta importante. Puede vivir bien, espléndidamente, sin tomar preocupaciones. Además, si se deshiciera de las dehesas o de los cotos, si los pusiera en explotación, sus amigos pensarían en un quebranto de su fortuna, en un descenso de la vieja casa señorial. Y acaso el terratienente fuera capaz de arrastrar todos los inconvenientes anteriores a cambio de un mayor rendimiento; pero nunca se atreverá a dar motivo o pretexto para que la gente empiece a tenerle compasión.El señor no cultiva. Ve que parte de sus dehesas podría transformarse en huertas ubérrimas, que abunda el agua y el suelo es fértil. Pero no necesita dinero; es vago por naturaleza; pesan sobre él seculares perjuicios y las tierras se quedan incultas, improductivas, destinadas a la cría de toros o de caza mayor y menor»
Esta zona ha estado siempre dominada por la ganadería. Hasta el siglo XIX cuando dominaban los bienes de propios y de comunes el uso del suelo para la ganadería fue el predominante. Con el proceso desamortizador del siglo XIX la ganadería continua su dominio, pero ahora cobra protagonismo las grandes explotaciones y el caracter extensivo de ella. Es de lo que habla Guzmán en su artículo. Con el franquismo y con la excusa del viento de Levante la zona es calificada como de utilización ganadera con lo que se libra a los propietarios de la obligación de sembrarla. Va a ser en la década de los cincuenta cuando José Ramón Mora Figueroa cambie la tendencia y con la ayuda de Franco cree una de las explotaciones más intensivas y generadoras de riqueza de España; Las Lomas. Muchos fueron los obstáculo que esta explotación tuvo que salvar, sobre todo provenientes de ese modelo de latifundista del que habla de Guzman. La pelea es muy reciente, algunos flecos aun continuan. Superada las Lomas (¡cuánta tristeza está generando este proceso!) y la emigración como base de la economía benalupense, las construcción tomó el papel de monocultivo productivo. Pero los beneficios producidos por este sector parece que no han sido adecuadamente invertidos y la especulación y el desarrollo exógeno han dificultado un desarrollo económico duradero y estable. En la actualidad, la agricultura ha pasado a un nivel secundario, la ganadería también, y la construcción está entrando en una crisis que se antoja larga y dura. El sector servicios todavía no ha alcanzado un grado de desarrollo suficiente. La solución no puede pasar porque pidamos que el señor cultive.
Las fotografías son de Mintz
