Una de las cosas que más me ha impresionado en mi vida, me ocurrió con 13 años. Estábamos de catetos cultos en Madrid (como dice el impresentable ese en el comentario del Diario de Cádiz a propósito de nuestra obra de teatro Casas Viejas), de viaje de estudios y nos escapamos del hotel. Fuimos a la plaza mayor. Y allí, año 76, un muchacho de pelos largos nos pidió un duro para comparse un bocadillo, porque eran las tres de la mañana. Yo, que siempre he sido un poco impertinente, le dije que el dinero sería para vino y que era la una de la mañana, no las tres. Él me dijo que si para él eran las tres, por mucho que el reloj de la plaza mayor marcará la una, eran las tres y punto. Llevo 33 años intentando llevar a la práctica aquello, amen de comprenderlo. He recibido tres comentarios sobre la serie de Paco Cabaña. Uno de José Luís, yo también. Un segundo de Calabuch y un tercero de Susa. El segundo me encantó, el tercero me anodadó. Así que no son anónimos son de Calabuch y Susa.

