Una de las características del comercio interior de esa época es el predominio de la venta ambulante. Aquello de si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Son de destacar los trueques o sistema de recoba donde los repartidores cambiaban harina, azucar por leche, pollos por zapatos o café o tabaco por huevos. En un canasto, muy bien colocados, se ponìa una tanda de huevos, otra de paja, otra de huevos y asì alternativamente, hasta llenarlo. Reproducimos dos letrillas que abordan el asunto de la recoba. La primera, de 1997, desde la nostalgia, la segunda, de 1963, desde los sentimientos enfrentados producidos por el hecho de que ese año “la recoba se está pagando bastante bien”. Los Bandoleros es la misma base de comparsa que los Piratas, los Indios o los Turistas del Figuras.
de madrugada los niños recogerán
todo lo que ven en el corral y su alrededor
que el recovero cambiará por su ilusión
él sus zapatos quiere de material
ella tela para un traje que estrenar
en la fiesta, que ya Mayo cerca está.
(El Ventorrillo, 1997)
Este año la recoba
se está pagando bastante bien
Los productos del campo
revalorados así se ven
Nos causa el perjuicio
que no podemos comer zorzales
en cambio los obreros
están sacando buenos jornales
así damos valor a nuestras cosas
como lo hacen en las capitales
gobierno de la autarquía, en los sesenta se volvió de nuevo a las prácticas ambulantes clásicas. Un ejemplo de ello es esa hermosa foto de «Perico el de pescado» vendiéndolo en la calle. La leche, la carne, el pan… también se vendían por las casas hasta hace pocas fechas relativamente en las que la legislación del estado ha prohibido dichas prácticas. Ahora la venta ambulante está prohibida y solamente se permite el sábado en el «Piojito». Es cierto, que dicha regulación busca mejorar las condiciones sanitarias, pero no lo es menos que la calidad de los productos que compramos y consumimos ha disminuido fruto del
tratamiento químico e industrial que se ha impuesto en la industria agroalimentaria.