La gran diferencia con la actualidad en el comercio minorista radica en el trato humano entre el tendero y el cliente. Los trabajadores de la tienda solían ser los propietarios y pertenecían a un escalón superior al de los jornaleros en el estrato social del pueblo. Pero las relaciones entre los tenderos y los jornaleros eran cordiales, estableciéndose una simbiosis muy característica. Los jornaleros eran los clientes, sin embargo, la mayoría de las veces no podían pagar lo que necesitaban, dependiendo de unos propietarios que a su vez dependìan de los jornaleros para su negocio, pero a los que hacían abundantísimos favores. El fiado en las tiendas era una forma de adscripción de una familia a un establecimiento. Hay que contextualizar este sistema en un momento en que todas las necesidades no se podían cubrir y la falta de liquidez era norma habitual en la mayoría de la
población. Los que compraban en una tienda no podían ser clientes de otras. Si la necesidad era imperiosa y había que ir a comprar a otra tienda obligatoriamente, se debía hacer de forma casi clandestina, bajo ningún concepto “su” tendera/o podía enterarse de esa “especie de delito” cometido. Las relaciones que se establecían entre propietario y cliente estaban basadas en vínculos personales. Se establecía un vínculo casi de vasallaje entre uno y otro, en el que la superioridad estaba siempre de parte del tendero. Pero, como ocurre generalmente en los asuntos de las
relaciones personales, la práctica y la casuística era muy amplia. Esta relación comercial hacía que se establecieran verdaderas relaciones de amistad entre familias. Como ambas partes se necesitaba se establecía una especie de pacto tácito que se rompía con el incumplimiento unilateral de una de las partes. Por ejemplo, si se compraba en otra tienda, o se tardaba más tiempo del habitual en abonar lo debido. Existen multitud de historias de agradecimiento de familias que en un momento determinado necesitaron la ayuda, la confianza o hasta la caridad del tendero o la tendera y la obtuvieron.
población. Los que compraban en una tienda no podían ser clientes de otras. Si la necesidad era imperiosa y había que ir a comprar a otra tienda obligatoriamente, se debía hacer de forma casi clandestina, bajo ningún concepto “su” tendera/o podía enterarse de esa “especie de delito” cometido. Las relaciones que se establecían entre propietario y cliente estaban basadas en vínculos personales. Se establecía un vínculo casi de vasallaje entre uno y otro, en el que la superioridad estaba siempre de parte del tendero. Pero, como ocurre generalmente en los asuntos de las
relaciones personales, la práctica y la casuística era muy amplia. Esta relación comercial hacía que se establecieran verdaderas relaciones de amistad entre familias. Como ambas partes se necesitaba se establecía una especie de pacto tácito que se rompía con el incumplimiento unilateral de una de las partes. Por ejemplo, si se compraba en otra tienda, o se tardaba más tiempo del habitual en abonar lo debido. Existen multitud de historias de agradecimiento de familias que en un momento determinado necesitaron la ayuda, la confianza o hasta la caridad del tendero o la tendera y la obtuvieron. Evidentemente en la actualidad hay formas de pago que atrasan el abono efectivo del producto. Todas ellas se basan en contratos o formas escritas como una modalidad más de las relaciones oficiales, el contrato oral propio de las relaciones personales está pasando de moda.

