Hasta los años ochenta la mujer tenía muy difícil el acceso al mundo público. Además de las tiendas, la iglesia va a ser un lugar donde acuden masivamente. Pero dentro de Iglesia, cuando se celebra la misa la separación entre hombres y mujeres va a ser estricta. El pasillo central dividía los dos lados de la Iglesia en donde se ubicaban los bancos. Un lado era para los hombres y otro para las mujeres, como se observa en esta foto de 1963. Pero, pronto cambiaria esta costumbre. Don José Romero Bohollo y esposa vienen al pueblo como veterinario y este mantiene su costumbre de oír misa sentado al lado de su mujer. Aquello suponía un duro golpe para las vieja tradición. Poco a poco, gracias a la constancia del “Veterinario” se fue rompiendo en la iglesia esa separación de sexos. En la fotografia observamos entre otros a Juan Bancalero, Manolo, Pepe Bancalero, Esteban Mateos, “Jurel”, Miguel Grimaldi, “Trompeta”, Ordóñez, Antonio Benítez, “Carretero”, Perico “Berrenchín”, Andrés Romero, Francisco Torres, Pepe Luis el Fontanero, Candón, Romero, Arcila, “Juanele”, Antonio Ossorio…El hombre es, en esta sociedad casi preindustrial y patriarcal, la primera y máxima figura de la familia. Tiene que ser honrado, trabajador, pero sobre todo, tiene que encargarse de que sus hijos cubran las necesidades básicas. El punto básico de su vida familiar no es la relación con la pareja, sino los hijos. Estos serán el vínculo que guía al hombre con su pareja y su entorno. Y puestos a priorizar, lo más importante que tiene que hacer un hombre es conseguir que sus hijos pasen las menos calamidades posibles. Esa es la función principal, en un momento donde la miseria y la penuria imperantes hacen bastante complicada esta tarea. A cambio, le tienen que preparar la comida, la ropa, el calzado, despreocuparse del ritmo cotidiano de la casa… “en la casa como un señor, en la calle como un esclavo”.
En los pueblos, el bar tiene una gran importancia en la vida cotidiana, convirtiéndose en el centro vital de los mismos. Por el bar o la taberna pasaban la vida social, en ocasiones la económica y tal vez la cultural. Hasta el último cuarto del siglo, el bar era un mundo de hombres. El bar y el vino se convierten en piezas esenciales de la vida del hombre. A él, sobre todo al jornalero, en la sociedad tradicional no van a ir a buscarlo a trabajar a su casa, ni van a utilizar los modernos medios de comunicación que hoy existen (teléfono fijo, móvil, correo electrónico…), ni le va a llegar la información que necesita o la diversión que busca. El hombre tiene que ir a buscar trabajo al lugar donde pueda encontrarlo o le puedan avisar. En ese mismo lugar se divierte y en ese mismo lugar se socializa, se relaciona con sus iguales, se entera de las últimas noticias…

