La primera característica es la existencia de una diferenciación social muy atenuada. Al existir un número reducido de componentes de las clases altas y clases medias, el predominio de los jornaleros es tan abrumador que la jerarquía social se presenta muy moderada. A esto ayuda también la casi inexistencia del sector secundario y terciario. En Benalup, ha sido muy recientemente cuando se han visualizado las diferencias sociales, incluso en lo que respecta a la valoración de las zonas urbanas, coincidiendo con la generalización del sector secundario y terciario. En la sociedad agraria tradicional las relaciones sociales son primarias, el contacto personal es directo y frecuente, lo que a veces conlleva el control social del que hablaba Mintz a través del chismorreo, la envidia, el rumor…, pero también implica un tipo de solidaridad, de arropamiento, de ayuda, de colaboración…en las frecuentes circunstancias adversas. En el mundo urbano las relaciones
secundarias ni posibilitan el control de la vida del individuo, ni las acciones solidarias. La tercera característica tiene que ver con la endogamia en el seno de la comunidad rural, la inmovilidad, la previsión, la resistencia a los cambios, la hostilidad a lo que viene de fuera, características estas que derivan del fatalismo ya mencionado y que se expresan en tendencias como el intento de controlar los noviazgos de los hijos e hijas dentro de su mismo entorno y estrato social, la resistencia a conocer otras realidades o la
necesidad de adelantarse a posibles problemas tomando precauciones excesivas desde la mentalidad urbana.
