Pero Alberto, ahora que escucha un poco adormilado la conversación sobre la crisis en el bar, echa de menos que no le acudió a la mente el ejemplo perfecto, en la clase de ayer. Vuelve a la polémica del bar. Un tertuliano que trabaja en un banco dice que la crisis es más grande de lo que la gente se cree o que si no le pregunten a todos los albañiles. Otro le responde que no, que no hay tanta crisis, que se vaya un día a Bahía Sur y encontrará más gente de Benalup allí, que en la Alameda en toda la semana, que lo que pasa es que él vota al PP. A lo que este le responde que que tendrá que ver la velocidad con el tocino. Alberto piensa entonces que los debates de los alumnos son más instructivos, graciosos y menos absurdos. Cree que lo mismo que hay la tormenta perfecta, o la luz perfecta o la ducha perfecta o la caña perfecta, tiene que existir el ejemplo perfecto, para su caso. Otro tertuliano, dice que no hay recesión porque no hay crecimiento negativo, que lo que existe es una desaceleración de la economía. El que trabaja en el banco le acusa entonces de votar al PSOE. Alberto, mientras tanto, sigue el ritmo de las copas, pero no de la conversación. Hoy le ha tocado obsesionarse con el ejemplo perfecto. El más viejo de la tertulia dice que que crisis y que niño muerto, crisis antes, que no había ni para comer y todos vivían en chozas. El problema es que ahora
tenemos de todo. «Si la gente antes se dedicaba a tener niños y ahora a comprar casas. ¿Dónde se ha visto que la gente tenga más casas que niños?». Alberto piensa en la frase, repasa mentalmente los casos de amigos suyos en el que se dan esas circunstancias. Y se alegra de haber encontrado el ejemplo perfecto. «Echa una ronda», interviene, solo entonces, Alberto en la conversación.
