Que el Marathón es algo más que futbito está tan claro que no merece la más mínima explicación. El marathón está relacionado con la política, la economía, la familia, la fiesta, la diversión… y, como no podía ser de otra forma con la cultura. La revista el Punterazo es la personoficación de ese aspecto. Es otra prueba más de como la evolución del pueblo y el Marathón corren rutas paralelas. En él colaboran mucha gente, pero me da a mí que tiene dos almas; Antonio Cepero en el contenido y Fran en la forma. El primer número se publicó en el año 2000. De aquel número voy a extraer algunos párrafos que a mí me parecen interesantísimos. Por ejemplo en la editorial podemos leer: «Allá por los años setenta, a finales de la década, era difícil encender la radio y no toparse con una legendaria canción del grupo hispano-argentino TEQUILA. Ese «Vamos a tocar un Rock & Rock a la plaza del pueblo» resumía el espíritu de libertad que nacía y, sobre todo, las ganas de hacer cosas de cara a la gente. Y Casas Viejas, Benalup (de Sidonia, entonces) no se quedó atrás. La Alameda estaba pasando de ser «el patio de mi casa particular» a verdadera plaza del PUEBLO; y esto, unido a la fuerza de voluntad de unos «locos peloteros», compuso el gran invento, con ingredientes tan simples como una
pelota (seguro que sólo había una), dos porterías y un poquito de ambiente de verano… El pueblo se viste de gala (aunque vayamos todos en «calzonas») para esta XXII Edición, intentando que no decaiga el ambiente y buscando las bodas de plata de un matrimonio perfecto: EL DEPORTE Y LA FIESTA. Un enlace frente a la iglesia y con Benalup-Casas Viejas de testigo, Medina Sidonia de invitado de honor y un banquete de goles por todo lo alto. El novio levantará el velo de red a la novia mientras la gente «se aproxima por la calle principal». Cuatro días y tres noches para el disfrute…»Vamos a rodar el balón en la plaza del pueblo».
¡Qué bonito, hijo!. En el mismo número se reproduce un extracto del pregón de Victor Martínez Becerra, en 1997, que incide en esta misma idea de la lucha por la plaza del pueblo. «… Pocas personas estaban en el pueblo a favor de aquella especie de travesura deportiva que, además de quitarle a la plaza su vacío y su frialdad, robaba a un tiempo la tranquilidad y el reposo de los vecinos más cercanos. Y, en tanto que jugábamos, teníamos que ser continuos vigilantes de la inevitable llegada de los queridos guardias municipales (Manolo, Miguel, Muriel) que aparecían en el momento más inoportuno por culaqueir calle o vericueto, y de los que había que huir a toda prisa, para salvar el pellejo de sus concienzudos vergajazos y, sobre todo, por la pérdida segura del balón».
Por último, voy a reproducir un extracto del pregón de 1996, de
Manolito Guillén, este en clave más futbolera, que también aparece en dicho Punterazo: «…A los que formaban parte del juego los íbamos bautizando con sobrenombres de nuestros ídolos, así Alfonso Dávila se convierte en «Eusebio», Bernardo Sánchez es «Junquera», Paco García es «Pele»… Disfrutábamos con los regates de Pepe Melón, la seguridad defensiva de Grimaldi, la fuerza y potencia de Machote, la zurda Maia… y nos mirábamos en el espejo del entorno, encontrándonos con ese porterazo que era Fernandín, el pundonor de Ricardín, la clase de Juan Vela y Cazorla, el amor propio de Simón, la colocación de Sebastián, la astucia de Gabriel… Sin olvidarnos de aquel equipo al que llamábamos LAS PROMESAS. Pero el tiempo pasa… hasta que un día, cargados de nostalgia, un grupo de amigos encabezados por Paco el del Coscorrón decidimos memorar este pasaje de nuestra infancia creando el Marathón… Y, colorín colorado, el cuento continúa.»
El Punterazo de esta edición se vende por 2 euros y, como siempre, a mí me parece un puntazo.
