Juan fue uno de los fundadores del sindicato en 1914. Fue el segundo presidente, tras Bernardo Cortabarra. Era un gran lector de novelas y se hizo vegetariano por la influencia de un carabinero local. Juan Estudillo era el tesorero del sindicato de Casas Viejas, los invencibles (paradojas de la vida), en 1933. Trabajaba como zapatero, ese oficio, que tan común ha sido siempre en Casas Viejas. Era un trabajador ”con ideas”, militante, le encantaba leer libros de temática anarquista. Por su cargo, pertenecía al comité de defensa del sindicato, el órgano gestor. Ni él, ni Monroy eran partidarios de la declaración del comunismo libertario, en enero del 33. Al contrario que Monroy que participó en los Sucesos por la responsabilidad de su cargo, Juan Estudillo, no lo hizo;”era reservado, aprensivo y se oponía a la violencia se fue a su casa y no participó ni en la manifestación, ni en el asalto de los cuarteles” (Mintz). “Juan Estudillo no había participado en el alzamiento, pero, de todos modos, se había ido a esconder. Sólo se entrego a la guardia civil después de que le aseguraran que no lo matarían” (Mintz)
Después rehizo su vida, se unió en Armor Libre con María Toro, la madre de José Utrera Toro (uno de los doce fusilados en la corraleta de Seisdedos), hasta que llegó la guerra civil. Se suicidó tirándose a un pozo al iniciarse la contienda. Resulta que empezaron a decir que venían “los moros”, los falangistas… todo el mundo estaba muy asustado. Él fue a un pozo y se arrojó a él. Juan Estudillo fue la única víctima mortal de la guerra civil. En Casas Viejas no hubo «los camiones cargados de presos» que le escribieron a Irene García, aquí las técnicas de los africanistas se habían conocido tres años antes. Por eso todo el mundo huyó cuando empezo la contienda. La estrategia era clara. Se trataba de ejercer la máxima crueldad posible de forma planificada, para derrotar y aniquilar al «enemigo». No solo era cuestión de ganar una guerra, se trataba de perpetuarse posteriormente en el poder y para ello había que eliminar a la otra parte de España que no pensaba igual. Juan Estudillo lo conocía perfectamente, sus compañeros lo habían vivido en sus carnes y, por eso, se quitó la vida antes de que llegaran las «legiones moras» franquistas. Este artículo enlaza con una serie que quiero hacer sobre el Marathón.
