Comentaba en el anterior artículo, el de Juan Estudillo, como este se tiró a un pozo antes de que llegara la «legión mora». La planificación, nocturnidad y alevosía de la represión franquista respondía al objetivo no solo de ganar la guerra, sino de perpeturarse en el poder. Estas ideas las he tomado del libro de Paul Preston «El gran manipulador» que he leído en este viaje a Torrent. Igual objetivo subyace en el carácter político de la estretagia franquista en la guerra civil. Así, se explican maniobras como la de Badájoz, el alcazar de Toledo, Belchite, Brunete, Teruel o el Ebro que retrasaron el final de la guerra, pero consolidaban su poder y el aniquilamiento de lo que el consideraba su enemigo. «La otra España». Dice Prestón :»A la postre, su preocupación primordial como líder militar había sido garantizar su largo futuro como dictador. Y su esfuerzo de guerra consiguió que los traumatizados vencidos vivieran durante muchos años en la apatía… Franco descartó toda posibilidad de amnistía o reconciliación con los vencidos… Hasta su muerte
preservó la división entre vencedores y vencidos como un instrumento político«. En otro párrafo dice que » Su guerra lenta había sido la primera y más sangrienta etapa de la larga represión política que conseguiría que los traumatizados vencidos vivieran durante muchos años presos del miedo, el hambre y la apatía política. El silencio impuesto por la represión, aceptado como condición de supervivencia, condenó a los vencidos a un exilio interior dentro de sus propios pueblos, sus propias casas, con la memoria cerrada y encadenada a u propio
cuerpo«. En Benalup, mucha gente sufrió tres derrotas, la primera en la participación en los Sucesos, la segunda en la guerra civil y la tercera en la dictadura franquista. Ello explica que el desarrollo político, económico, social y cultura fuera casi nulo en esos cuarenta años. Hay muchos ejemplos. No hay subjetividad en la apreciación. La pasividad, la apatía, el fatalismo, el miedo, la poca participación ciudadana no son más que síntomas del modelo social y político impuesto por el franquismo. Cuando muere Franco un deseo innato de intervención, de actividad, de alegría desborda el dique franquista y aparecen eventos como la reactivación del proceso de segregación, el concurso de cante flamenco, la recuperación del carnaval o el marathón de fútbol sala con la participación ciudadana como nexo común. No es casual que estas actividades cumplan este año en torno al treinta aniversario. Escribe en la novena edición del Punterazo, el concejal de deportes que el Marathon es «una de las mejores fiestas del pueblo». Personalmente, junto con el carnaval son las dos que más me gustan. Para ello tengo en cuenta que se reactivaron cuando el centinela de occidente dejó de vigilarnos y que ambas se basan en la participación. Y es que ya he escrito algunas veces que el espectáculo en el que tu eres un elemento pasivo te puede embrutecer, alinear, vincular, adscribirte… en resumen, el «panem et circum» de los romanos. Mientras que el espectáculo en el que tú eres un miembro activo, te hace crear, participar, opinar, criticar y pensar, aunque estorbes.
