Los que somos de pueblo tenemos la costumbre de salir poco de él, pero cuando lo hacemos lo miramos todo como si no hubieramos salido nunca. Es más, todo lo que vemos lo sometemos a la comparación con el nuestro. Este año he estado en Francia, por la zona de Sarlat, y allí nos hemos quedado maravillados de lo que es un entorno rural desarrollado, donde los habitantes se caracterizan por que conocen y valoran su patrimonio natural e histórico. El foigras, el vino, Lascaux, el helipuerto verde, las piraguas, el castillo de Casternauld… Una maravilla integral. Me consta que esa zona se conoce por aquí por bastantes personas. Fisgando en la página web del Ayuntamiento de Benalup me he encontrado este cuadro con 20 abrigos, que no sé si hay algún benalupense que los haya visitado todos. Todos y cada uno de ellos en el exiguo término municipal de Benalup. El más famoso de todos es El Tajo de las Figuras, pero hay 19 cuevas más con pinturas de estilos esquemático y semiesquemático, datadas en torno al Neolítico (la camara de los horrores lo han llamado por el estado de conservación de la mayoría). Sin duda, por la cantidad y la calidad, estamos ante el yacimiento de pinturas rupestres neolíticas más importante de España. ¿Lo conocemos? ¿Lo valoramos?. Se me ha ocurrido a mí que a lo mejor alguien considera oportuno la conservación y el cuidado de esos abrigos, con el establecimiento de un itinerario que al mismo tiempo que poner en valor nuestro patrimonio histórico, realce el natural (alcornoques, acebuches, fauna…) y lo ponga en relación con la próxima inauguración de Centro de interpretación de la Prehistoria. Con menos mimbres que estos, se han hecho en otros sitios grandes cestas. Cuando estábamos en la Roca de San Cristobal, en la Dordoña y asistíamos al montaje y al
éxito turístico, inevitablemente comparábamos. No se había conservado mucho, pero lo existente se mima, se recrea la vida cotidiana y se le da un tono didáctico en torno a como se vivía en la Edad Media que es muy instructivo y lleva muchos turistas. Ya se sabe que las comparaciones son odiosas, además, aunque fuera sana, tenemos que confesarlo, sentimos envidia. Eso nos pasa por salir. Ya lo dice un amigo mío, como en la casa de uno no se está en ninguna parte.
