El artículo del que hablaba el lunes, del Doctor Thebussem (embustero al revés) va sobre la verdad y la mentira. Inevitablemente el contexto cinegético no podía faltar. El artículo se llama 4+M Episodio de Caza y pesca. Comienza así: “Casi todas las aventuras cinegéticas se hallan tan avecinadas con la fábula, y es tan escaso el crédito que merecemos los cazadores, que necesito protestar una, dos y tres veces de la certidumbre de cuanto voy á referir”. Nos cuenta luego como su “primera expedición de caza se verificó en Ben-Halluz” y que fue acompañado del Padre Cordón, por Manuel de Reina y por Francisco Gil, dos apellidos de raigambre casasviejeña, al igual que “el tio Bernardo de Cozar, colono del cercano molino de Abeancos”, que se les uniría. Cenaron en la “hermosa cuadra de la torre del homenaje de Ben-Halluz que lleva años, y áun siglos, de hallarse entregada al brazo secular del campesino…haciendo la digestión del gazpacho, pernil, queso, nueces y alfajores con riego de buena manzanilla de Sanlucar había sido nuestra cena.” Ya que el hermano de la marquesa de Negrón no era cazador experimentado, como sus compañeros, no fue a cazar a las zorras a Beancos y se dio una vuelta por algunas de las seiscientas hectáreas de la finca. El no mató nada, pero el perro que le acompañó le llegó a entregar hasta cuatro conejos. El medinense pensó que había que hacer algo para que sus compañeros pensaran que los había matado él con su escopeta.
Había salido en la conversación de esa noche que en Beancos las zorras estaban produciendo grandes daños y “asegurando que las raposas de la dehesa de Rejuelga, nacidas en la tierra del moro, y que pasaban a nado el estrecho de Gibraltar, excedían en talento y luces al hombre más sabio y astuto. Adujeron como probanza el caso de dos célebres zorras, de dicho país, cuya habilidad llegaba al extremo de ladrar y maullar fingiéndose perros o gatos, y de disfrazarse de cabras cubriendo su cuerpo con pieles y cuernos que ellas mismas había preparado al efecto.”. Para que luego digan que los andaluces exageramos. En el mismo texto, Thebussem dice: “Se hablaba de caza, refiriendo lances y sucesos en el estilo difuso y con las exageraciones y ponderaciones peculiares del vulgo andaluz”. A mí me han contado que 150 años después, Currutaco estaba por esa zona cazando venados, vio uno, pero al ir a dispararle se dio cuenta que no tenía munición, así que cogió su navaja, corto una rama de acebuche, la introdujo en el cañón de la escopeta y le disparó. Aunque le acertó al venado, este salió corriendo. Al año siguiente, estaba por la misma zona, esperando cazar alguna pieza, hacía mucho calor y estaba muy cansado. Así que se refugió en un gran acebuche que había próximo y se apoyo en él para descansar. Sin venir a cuento, el acebuche empezó a correr. Era el venado del año pasado que le había crecido la estaca del acebuche. Aunque el embuste del embustero Thebussem tiene más fondo. El viernes os cuento como termina la historia.
La fotografía es de Paco Cobi, de 1993.
