Pero en una visita a este Monasterio no solo podemos interesarnos por los valores artísticos de la construcción o por los valores medioambientales del paraje, también podemos recorrer el lugar donde abundaron las prácticas emeríticas, el contrabando, los bandidos, los maquis, la molienda de trigo en estraperlo en el molino del río, las hazañas del hermano Antonio o rememorar la forma de vida natural del último eremita, laico, de la zona; el tío Coronil. Además de las prácticas campistas y paranormales que se pusieron en boga en los años sesenta. Hasta Kirk Douglas llegó a rodar escena de una película del Oeste, pero hasta ahora no hemos podido localizar su título.
El Monasterio está siendo en la actualidad sometido a obras de reconstrucción, desconociendo el carácter y la finalidad de ellas. A principio de los noventa hubo un intento fallido de construir un hotel de lujo en el Monasterio del Cuervo, argumentándose que entroncaba con la tradición de hospedería que había tenido tradicionalmente. Se ha calculado que hasta una media de 400 personas año llegaron a vivir en este Monasterio en el siglo XVIII. Es más que evidente que dejaron intactos sus valores medioambientales, hecho que no estaría tan claro si se le sometiese en la actualidad a una explotación hotelera. Es decir, que las posibilidades de utilizar el Monasterio y su entorno con fines turísticos (con la particularidad de cada momento) aparecen desde su fundación. Y es que si hay alguna característica común en su evolución histórica esta es la evidencia de que el Monasterio genera polémica. La riqueza de sus aguas y del paraje natural, lo alejado que está de cualquier población y la contradicción en sus usos han hecho que primero en
Hoy todavía, aquello que escribieron sus antiguos moradores sigue siendo cierto: “Goza de soledad este nuestro santo desierto tan propia a nuestra eremitita vida que parece la majestad de Dios le tenía designado para los sucesores de Elías habitadores del monte Carmelo”. Esperemos que lo sea por mucho tiempo.
