
Julio Romano, seudónimo de Hipólito de la Peña , era un periodista de éxito de la época, que vino a Casas Viejas como corresponsal de la revista Crónica. Vino acompañado por el fotógrafo José Luís Demaría López, alias Campúa. El origen jerezano del fotógrafo le permite enterarse vía del alcalde de Medina, el médico Ángel Butrón, que la mayoría de los muertos lo han sido a sangre fría, no fruto de un enfrentamiento armado entre los campesinos y las fuerzas del orden. En sus tres reportajes Julio Romano no se atrevió a escribir la verdad “No pude contar la verdad de lo acaecido en Casas Viejas. Podía incurrir en la Ley de Defensa de la República y hacer víctima a Crónica de una sanción gubernativa”, escribe en este libro. También dice que “”Pero ya que no era posible escribirla (la verdad), me dedique a hacer “tiradas verbales” del suceso por todo Madrid”. Algunos historiadores han puesto en relación estas “tiradas verbales” de Julio Romano con la destitución inmediata como alcalde de Ángel Butrón, con la excusa de que era incompatible el cargo de alcalde con el de médico de la localidad. Acompañamos a este documento una fotografía de Campúa. “Cogí, como ya he dicho, la cabeza, hecha un tizón, de uno de los muertos. Lo hice de una manera inconsciente, quizá con el escondido propósito de hacerle a aquel cerebro macizo y terroso el último reportaje, el definido y verdadero.”. Siempre que se ha hablado de manipulación y utilización despiadada de los Sucesos se ha ilustrado con esta fotografía. El libro, evidentemente, no tuvo ni éxito, ni repercusión. Pero sé de quienes tienen fotocopia y están dispuestas a prestarlas para el buen fin de leer este libro.
El 24 de Marzo de 1933 el periódico Nuevo Mundo escribía a propósito de este libro: “Casas Viejas es un documento escalofriante, verídico, lleno de tétrica emoción. El arte narrativo, la elegancia prosódica y el buen gusto literario de los notables escritores son los cauces por donde discurre el drama rural, con todas sus patéticas resonancias. Los autores de Casas Viejas, que llegaron a la aldea andaluza al día siguiente de ser inmolados los labriegos, recogen en este interesantísimo volumen referencias inéditas del drama, noticias de gran valor desconocidas por el público, las visiones de pesadilla y los hechos sangrientos que convirtieron durante unos días en apestoso infierno el blanco y riente pueblecito andaluz”. En este mismo estilo hiperbólico está escrito el libro de Julio Romano, de tal forma que a mí me recuerda al del autor de un blog de nuestro pueblo.
