Al rato, sentados tomando una cerveza en el Tato, nos dedicamos a mirar a la gente que pasaba por la calle y buscar un mote, de ese modo yo también entré en su juego. Estos alumnos, a los que recuerdo con mucho cariño, me contaron historias de Benalup en las que intervino gente tan curiosa como “Reputo” porque era muy feo; “El Calerito” porque era su profesión; “El Colmena”, por el nombre de su bar; “El Cándido” por su mujer, Cándida; “
A medida que recogía más y más motes, empecé a ver la relación que había entre cada uno y esas personas que ya han dejado de llamarse Antonios, Lolas, Pedros, etc. Estos motes eran mucho mejores puesto que eran personales y podrían ser heredados por sus propios hijos.
Es fácil ver que todos estos motes hacen referencia a cualidades físicas de las personas, el color, su forma de andar, su actitud ante la vida. Otros se quedan tras haber ocurrido un suceso gracioso o tras una frase ocurrente. Muchos hacen referencia al mundo animal, otros a oficios, a personajes famosos, a programas de televisión, al lugar de trabajo.
La foto es de finales de los sesenta, de Mintz.
