En el feudalismo las relaciones entre los campesinos y los señores eran personales, el señor le daba un mansus o trozo de tierra al campesino y este a cambio le tiene que pagar un census o una parte, tenía que hacer trabajo gratuito en la reserva del señor o corveas o estaba sometido a una serie de banalidades entre las que destacaba el derecho de pernada, el pago por moler trigo en el molino del señor o por pasar por el puente o pisar las uvas en el lagar del señor, no podía ser en otro. Lo mismo que la justicia y las leyes eran aplicadas por el señor y el campesino no se podía sustraer a ellas. El campesino se relacionaba con el señor, no con el rey. Los reyes eran señores en sus territorios de realengo. Si el régimen señorial desapareció en el siglo XIX, estas relaciones personales han durado hasta hace poco por estas tierras. El otro día me contó una adorable mujer mayor que había nacido en los Arenalejos, que todo ese inmeso territorio era de José Vela Morales, más conocido por el «Tuerto Vela«. Transcurridos los Sucesos de Casas Viejas muchos dedos dirigian la culpabilidad de lo ocurrido a los propietarios que habían espoleado la crueldad de los Africanistas para que el escarmiento fuera aun mayor del que tenían pensado dar. En este contexto, parece que José Vela declara a Crónica: «Ahora somos nosotros, los hombres de estos pueblos y aldeas, los que tenemos que ir a esas ciudades a restaurar nuestro equilibrio nervioso. La inquietud y el sobresalto de estos dían me ha destrozado. Y como quiero vivir unos meses tranquilo, pienso irme con mi familia a Cádiz.» Pero nos cuenta esta mujer mayor que allí los anarquistas fueron a matarlo y le dispararon. Consiguió huir entre la gente, aunque muchos gritaban «ahi va», «ahí va»… mientras que era perseguido por los terroristas. José Vela consiguió refugiarse en una «casa puerta» y así salvar su vida. Tras unos polémicos cruces de declaraciones con Pérez Cordón en el periódico CNT, José Vela Morales decide marchar a Gibraltar. Nos cuenta esta informante que fue a los Arenalejos y le dijo al encargado que para salvar su vida se tenía que ir a Gibraltar. Que cuidara de las tierras, si «cuando volviera había algo; muy bien y si no quedaba nada, la vida era lo más importante que Dios le había dado«. En Julio del 36 Franco y los suyos pusieron las cosas en el lugar que la República intento transformar y después de un tiempo prudencial José Vela volvió a los Arenalejos. El encargado no solo le había guardado sus propiedades, sino que había conseguido un montón de millones de pesetas, que les entregó intactos, siempre según nos cuenta esta anciana. Transcurrido el tiempo José Vela vendió los Arenalejos y se estableció en San Fernando. El encargado murió de cancer y «sus hijos pasaron mucha hambre«. Nadie le agredeció nunca nada a este encargado, eso si, en su entierro todo el mundo alababa lo honrado que había sido y la fidelidad observada hacia «su Señorito«. Estas relaciones personales, esta estructura de la propiedad basada en el latifundio explican el fatalismo y el conformismo propio que ha dominado en esta zona y que tiene su manifestación en frases como «Siempre ha habido pobres y ricos», «No te metas en nada, tu abuelo se metió y mira lo que le pasó…», o «a lo de los Sucesos les pasó lo que les pasó por meterse en política»...y del que el caso del encargado de los Arenalejos en la Segunda República no es más que uno de los muchos casos de este tipo ocurridos.

La foto está realizada por Mintz en los Arenalejos en la década de los sesenta.

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