Las relaciones de los ayuntamientos con la iglesia han dependido de la etapa histórica en la que nos encontrásemos, así han fluctuado desde la independencia y laicidad de la Primera y Segunda República a la sumisión y el pacto trono altar de la Restauración o el franquimo. Traigo hoy dos casos que ejemplifican ese intento de separar la iglesia y el estado que se dio en la Primera República. Se trata de dos fragmentos del acta del cabildo de fecha 4-4-73. En el primero se recoge el acuerdo de no acudir institucionalmente a las procesiones de Semana Santa. Dice así:«Por el Señor presidente se manifestó que el Señor arcipreste de las Iglesias de esta ciudad deseaba saber si el Ayuntamiento asistiría a las funciones religiosas de la próxima semana Santa, lo que ponía en conocimiento de los Señores para que resolvieran lo que creyeran conveniente, acordándose, después de intenso debate, no poder el Ayuntamiento concurrir en Corporación a ninguna solemnidad religiosa». El segundo caso es una pregunta sobre si los bienes de la iglesia pertenecen al estado:»Por el Señor Teniente de alcalde Don Antonio Marín Ruiz se preguntó si pertencecíal al estado o al pueblo la propiedad de los conventos e Iglesias de esta ciudad, acordándose que por el Secretario se averiguase lo que hubiera sobre el particular«. La caída de la primera república significó la pérdida de este laicismo y la vuelta a la alianza y la complicidad entre el poder político y religioso, que duraría hasta la llegada de la segunda república el 14 de abril de 1931. Con la victoria por los nacionales en la Guerra Civil volvemos de nuevo a una sociedad sacralizada y dominada por la religión católica, sobre todo, en lo que a la moral y la ética se refiere. A partir de la muerte de Francisco Franco en 1975 entramos de nuevo en otro proceso de separación del poder civil y religioso, proceso no exento de conflictos y roces, como el actual motivado por la ley del aborto que pretende aprobar el actual gabinete socialista.
La fotografía es de Medina en 1966 de Mintz
