Como hemos visto en otras entradas, durante las etapas progresistas de la historia de España las reivindicaciones de los vecinos de Casas Viejas y la atención hacia ellos ha aumentado significativamente. Durante la primera república, igual que durante la segunda, el protagonismo de Casas Viejas asciende muchos enteros. En el cabildo del 9-5-73 se lee: «Dada lectura a un oficio del Comité Republicano de esta Ciudad en que se solicita se señale a los vecinos de Casas Viejas un médico titular que los asista en sus enfermedades, se acordó manifestarles que este Ayuntamiento tiene tomado acuerdo sobre el particular, y terminado el periodo electoral se comunicará al que ha nombrado para verificar dicho Servicio». En lo que respecta a la educación las cosas marchan por parecidos derroteros. En el cabildo del 18-4-73 se dice: «Dada cuenta de un oficio de la alcaldía de Casas Viejas en que con levantadas y patrióticas frase se solicita de este Ayuntamiento las competentes autorizaciones para instalar una escuela en una habitación de pared y techumbre de paja, edificada por aquellos vecinos, y que esta unida a la Iglesia, sin que forme parte de ella, que en la actualidad se halla arrendada por el Señor cura de la misma, se acordó acceder a la petición empezando manifestando que la corporación alaba cuando se merece un pensamiento tan acertado y conveniente y confía que aquellos ciudadanos sabrán apreciar el valor de tal determinación aprovechándose, los que lo necesitan a recibir la enseñanza que se les ofrece, tan útil y beneficiosa en todos tiempos y principalmente en la época actual en que el hombre ha conquistado la plenitud de su soberanía… y que para primero de Mayo próximo se lleve a cabo la instalación de la escuela pretendida». Pese a las buenas intenciones y palabras la primera república no consiguió dotar de esos servicios básicos a Casas Viejas, pese a que la aldea era asotada por una epidemia de viruela como veremos en una próxima entrada. Así, en plena Restauración, el 26-2-1876 en el cabildo se lee un escrito de los vecinos de Casas Viejas en el que se quejan amargamente de que no exista ni médico ni maestro en el pueblo y solicitan su creación. Recordemos que los Ayuntamientos no disponían de subvenciones del estado y sus servicios debían ser sufragados con sus recursos provenientes fundamentalmente de los bienes propios (caudal de propios). Por otra parte, estas actas son un ejemplo de las dificultades con que se encontraron los primeros pobladores de Casas Viejas y la oposición de la oligarquía ganadera medinense a que se consolidara como población estable. Ya no solo en cuanto que se les pone todas las trabas posibles a los «forasteros», sino también que se les niega los servicios públicos básicos, ya que su dotación implicaría merma en los servicios de los asidonenses. Ello va a constituir una lógica y obvia constante histórica.
