Estos días hablamos de pandemia, en este caso de la gripe porcina. La entrada de hoy versa sobre la viruela. La viruela es causada por el virus variola que surgió en poblaciones humanas miles de años atrás. Era una enfermedad tan letal que en algunas culturas antiguas estaba prohibido dar nombre a los niños hasta que contraían la enfermedad y sobrevivían a ella. Desde 1796 se conocía la vacuna para la viruela, pero las condiciones de hacinamiento e insalubridad de Casas Viejas permitieron su rápida propagación a finales del siglo XIX. Vimos en la entrada de ayer como la reivindicación de un maestro y un médico para la aldea es tradicional. En la primera república se declaró un brote de viruela en la aldea. La inexistencia de un médico titular en aquella aldea hacía la situación más grave si cabe. Así lo podemos ver en el cabildo del 14-3-73: «Se dio lectura a una comunicación de la Comisaría de Casas Viejas en la que se participa haberse desarrollado en dos casas de dicho Barrio la enfermedad contagiosa de la viruela y que con dicho motivo y para evitar su propagación se había instalado un lavadero en las afueras. El Ayuntamiento acordó considerar acertada dicha medida sanitaria con el objeto de atajar el progreso de dicha enfermad y evitar en lo posible su propagación autorizar al médico titular D. José Millán para que inmediatamente se desplace a Casas Viejas y se encargue de aquella demarcación tomando cuantas medidas crea más convenientes». La respuesta del médico titular ante la orden de desplazarse a Casas Viejas no se hace esperar, en el cabildo de la semana siguiente, el 21-3-73 se dice: “Leído un escrito de Don Juan Millán en nombre de su hijo Don José en el que manifiesta que aun continua enfermo y ausente de esta Ciudad. En su vista se acordó que siendo indeispensable el cumplimiento de lo acordado en la sesión anterior por seguir la enfermedad de la viruela azotando el Barrio de Casas Viejas se necesita facultativo que auxilie a aquellos vecinos para lo cual durante su enfermedad puede comisionar a un médico que le sustituya” Pero la enfermedad no remitió, sino que persitió al menos más de seis meses, porque en el cabildo del 4-9-73 leemos: “Se acordó oficiar al Alcalde de Casas Viejas para que manifeste en que estado se halla la enfermedad de la viruela que vienen padeciendo aquellos vecinos y el número de defunciones por término medio” Estas actas capitulares reflejan nítidamente el estado de marginación que se encontraba la aldea. Pese a la viruela, no se cubrió la plaza de un médico titular para Casas Viejas, porque ya vimos ayer el escrito de 26 de febrero de 1876 solicitando que se cubriera la de un maestro y un médico.