Alameda viene de álamo. Las asambleas populares de la antigua Grecia se reunían en ágoras (plaza pública) y los álamos fueron los primeros árboles cultivados por los griegos para que les brindaran protección a los allí reunidos. De 1555 tenemos las
primeras noticias escritas de Casas Viejas y de la ermita que había en la actual Alameda. Pero su función actual aparece en el siglo XIX a semejanza de la de
igual nombre en Medina con una triple finalidad; como lugar de paseo público, como antesala de la Iglesia y como lugar de residencia de los propietarios locales. Era el lugar más elitista del pueblo, donde se paseaba los días de fiesta y donde se vivía todos los días los que podían un poco más que los demás. Los álamos son consustanciales a la Alameda, por eso, por mucho que le han querido llamar Plaza de la Constitución en la Restauración o de la República en la Segunda República o de Nuestra Señora del Rosario después, la Alameda siempre ha sido y será la Alameda, el lugar donde están los álamos. Decía Luís Berenguer por boca de Juan Lobón:»Vamos a hacer un pueblo para juntar toda la gente del campo en él… Por eso pusieron el pueblo donde los frailes tenían una iglesia con su caserío ya hecho, en el ombligo
del campo. Pero, como al tiempo que les convenía juntar gente, tenían miedo que a alguno se le ocurriera algo para vengarse, dijeron: – Hay que traerse la guardia civil, no sea que nos maten por haberles dejado sin tierras. Por eso es por lo que el cuartelillo está en la misma plaza del pueblo… Así pasó lo que pasó…» Esos árboles que los vemos en la primera fotografía de 1920 cuando el arzobispo de Cádiz, el marques de Negrón y la élite local inspecciona las obras de la iglesia, asisten al orden y a la jerarquización que esta fotografía plasma propia de estos tiempos monárquicos. Esos álamos, todavía jóvenes y débiles, van a mantener la misma estructura y esqueleto hasta el día de hoy. Cuando «pasó lo que pasó» que era la frase más repetida en Casas Viejas para hablar de sus sucesos, ahí seguían estando esos álamos. En la segunda y tercera fotografía aparecen el mismo cuerpo, las mismas ramas, pero trece años más viejos. En este caso imponer la jerarquía, el orden y el poder ha costado más pero se ha impuesto. La cuarta fotografía ya es de los años cincuenta, la cruz de los caídos acompaña la majestuosidad de la Iglesia, los álamos más maduros y viejos siguen de testigos mudos.
La quinta fotografía es de los años sesenta, los muchachos de la banda de música en formación esperan, los arboles hacen igual, lo han hecho siempre, limpios, vigorosos, sanos… parece como si el tiempo no pasara por ellos, pero pasa. La sexta fotografía fue realizada en 1969 obsevamos los mismos álamos que en 1920, 33 o siguientes, las mismas crucetas, las mismas ramas, los mismos troncos, la misma limpieza… La jerarquía, el orden, el poder no hay que demostrarlos ya, se presuponen porque son conceptos innatos al franquismo. 
