La septima, octava, la novena y la décima son fotos de la democracia, de los ochenta y de los noventa, del maratón y la niebla. Aunque la Alameda sigue siendo el centro de
los acontecimientos importantes en el pueblo, la decadencia reciente sufrida en el día a día le pesa como las losas con las que se la recubrió en la última remodelación. Son años de grandes esperanzas, donde la participación ciudadana o su instinto virtual crean cosas tan bonitas como el espíritu de la segregación o el maratón. No hace falta orden, jerarquía, ni poder, sino ganas y voluntad para crear pueblo, para hacer todo lo que no se ha podido hacer durante tantos años. De esa ilusión, de ese espejismo también es testigo mudo estos árboles de la Alameda, ya un poco más viejos, pero siempre los mismos árboles. La onceava y la doceava son fotografías de anteayer. Los álamos están sucios, descuidados, no se limpian. La lógica de la vida que también se aplica a la estructura urbana ha hecho que la Alameda pierda la pujanza de antaño, pero el estado de los álamos es otra cosa. ¿Dejádez? ¿Indiferencia? ¿Marginación? ¿Ignorancia?… Los vecinos se quejan, con razón, que los árboles más descuidados y abandonados de todo el pueblo son los de la Alameda. Dice un proverbio chino que «No importa lo viejo que seas, sino cómo lleves la vejez». Limpiar estos álamos de esos brotes verdes que lo afean es sencillo y fácil, pero además
es natural y justo, por respeto a la tradición, a la historia, a la Alameda y, en definitiva, a nosotros mismos. Lo mismo que permanecen los viejos troncos, crucetas y ramas, al igual que continuan inmunes al paso del tiempo sus estructura y su esqueleto, la Alameda fue, es y seguirá siendo el lugar donde nació y se desarrolló este pueblo que hoy se llama Benalup-Casas Viejas.
Acciones que parecen superfluas denotan actitudes profundas, tenemos que limpiar y poner en valor estos álamos para que, entre otras cosas, no se conviertan en un reflejo del desinterés y dejadez por la Alameda, el casco antiguo y por todo lo relacionado
con nuestra esencia e historia, porque queramos o no, como decía el Santo en 1993 en la comparsa de Arte:

