Estamos de feria. Y eso es siempre es bueno, entre otras cosas porque es un momento ideal para poner en práctica el carpe diem. A mí me gusta porque me permite hacer una de las cosas más sublimes que hay para el que esto escribe; estar con los amigos, beber con los amigos, discutir con los amigos, enterarme de cosas con los amigos… Espero visitar todos los chiringuitos de la feria, pero me gusta ir al medio día a la caseta de los veinte duros. Esa caseta en la que no manda nadie y mandan todos los socios no la controla ni Dios y es un ejemplo de aguante y de lo que tiene que ser una caseta, un lugar donde se reunen los amigos. No soy socio, pero como todo el mundo, puedo entrar libremente. A ver si estos días voy recopilando información y hago una entrada sobre la historia de esta caseta. Decía Paul Bowles en “El cielo protector” que de lo único que se arrepentía en su vida (y la tuvo completita) era de no haber valorado lo suficiente aquella tarde que paseaba en bicicleta, con su chica, viendo un hermoso atardecer y no supo darse cuenta ni valorar lo bien que se lo estaba pasando, ese había sido su gran error y eso era de lo único de lo que se arrepentía en su vida. Por tanto a disfrutar y los que tengamos la suerte de estar en la época de la tercera botella, aunque con orden y moderación, disfrutar de ambas (de la época y de la botella). Del disfrute con los amigos ni lo miento, se presupone.
