«A la edad de 70 años se cruzó en su vida una terrible enfermedad diagnosticada como Alzheimer, que hizo que poco a poco su cabeza no fuera respondiéndole y le diera por recoger animales sobre todo perros y gatos, que metía en su casa. Debido a su fuerte carácter su familia al principio no pudo hacer nada ya que ella decía que era su vida y que no le importaba que la gente la criticara y le diera de lado por salir a la calle sucia y mal vestida por culpa de tantos animales. Pero la cosa fue a más y su familia con la ayuda de Ana la trabajadora social se vieron en la obligación de intervenir, pues ella había perdido sus facultades mentales. Se entregaron todos los animales a un centro de protección dejándole solo un perrito de compañía, se hizo una limpieza en profundidad y desde ese momento estuvo perfectamente atendida en su propia casa gracias a su familia, que siempre estará agradecida al ATS José Antonio (Liebre) y a Francis Escámez del programa de ayuda a domicilio que venían todos los días para atenderla y bañarla. A pesar de su enfermedad nunca se olvidó del camino de la iglesia tanto por la mañana como por la tarde hasta que sus piernas no respondieron y dejo de andar. En esos tristes momentos algo que la tranquilizaba mucho era escuchar en la radio el programa de Pepe Torres. A los 83 años y debido a complicaciones de su enfermedad ingreso en el hospital de San Rafael en Cádiz, donde murió el día 14 de diciembre de 2006. Aunque fue recordada con una bonita homilía ofrecida por el padre Ricardo y se cumplió su última voluntad de ser enterrada junto a los restos de su madre y que sus castañuelas hicieran con ella el último viaje, en su entierro se echó de menos a mucha gente a la que ella conoció durante su vida”. Su sobrino Jesús participa de este cariño por su tía y de ese sentimiento agridulce de que la vida no la trato bien, ni durante, ni después. Él fue quien me dio la idea de hacer esta entrada, mientras me ponía cervezas y platos de la casa, en el Restaurante en Ca Marie. Comparto con él esa pena por lo injusta que ha sido la vida con un sector tan mayoritario de nuestra sociedad, con toda una generación que le tocó vivir una época donde las diferencias sociales eran tan tremendas que marcaban toda la vida. A mí me da por pensar que debe ser algo más que una casualidad que Jesús trabaje para otros en la misma casa, una des las principales y señoriales del pueblo (que fue de los Vela, que luego la alquiló Becerra, que compró Debors y que ahora es de Alan, un propietario francés), donde su tía pasó, vivió y derrochó tanto tiempo y cariño. Queda el consuelo de que al menos hay interés por contarlo, lo que significa un gran cambio. Si la historia con su máxima expresión en el tiempo es persistente, tenaz, reiterativa y terca, habrá que utilizar sus mismas medicinas y ser persistente, tenaz, reiterativo y terco en contarlo.
