Dice la familia: “Al cumplir los 19 años entró a trabajar como personal del servicio en la casa del único médico del pueblo Don José Becerra y después de algún tiempo también se hizo cargo del cuidado de los hijos de Becerra: Francisco José, Maripe, Yoli y Victor que le cogieron cariño y terminaron llamándola “Tata”. Ella estuvo trabajando para el matrimonio hasta que falleció Don José y cogió tanto cariño a los niños que siempre hablaba de ellos, aunque su cara se iluminaba de forma especial cuando lo hacía de su niño Víctor”. Esta adscripción a la familia Becerra iba a marcar su vida. Como otras sirvientes, su entrega a la familia con la que trabajaban fue tanta que a veces no tenían ni tiempo ni circunstancias de crear su propia familia. Muchas sirvientes que no se casaron, las que lo hicieron abandonaban la casa en la que servían, convirtieron la familia de los señoritos en la suya y tuvo que pasar bastante tiempo para que se dieran cuenta del error que habían cometido, pues al terminar las condiciones laborales no continuaban el mismo tipo de lazos y relaciones. «Después se fue a trabajar limpiando la casa del cura, la iglesia y la casa de las monjas ya que su mayor ilusión siempre fue meterse a monja, pero nunca se atrevió a dar ese paso porque prefirió quedarse a cuidar de su madre enferma» . Carmen Martín Gaite en»Usos amorosos de la posguerra española» mantiene que muchas mujeres tenían vocación de meterse a monja, para evitar la crítica y el que dirán del entorno. Mantiene Carmen Martín que surgió una concepción del amor en la que el hombre no se casaba porque no quería y la mujer porque no podía y meterse a monja era una solución para ella. Dice Mintz: “La iglesia era un imán social que atraía a las mujeres y a los jóvenes. La vida diaria de las mujeres tenía un radio mucho más reducido que la de los hombres, y la misa y la compra eran unas de las pocas razones para salir de la casa o del patio. Como el alfabetismo era bajo, la iglesia era una fuente básica de drama, ritos y otras formas de entretenimiento. También proporcionaba la oportunidad de dar un paseo por delante la iglesia, escuchar una historia interesante o compartir infomación.” Sigo con el texto de la familia: “Conoció a muchas monjas, pero fue con la hermana Miriam con la que estableció unos lazos de amistad que perdurarían en el tiempo, tanto que después que colgase los hábitos y se casara con un hombre del pueblo, Isabel cuidó del hijo que tuvo el matrimonio y que se llama Francisco Alberto, sobre todo cuando viajaban a Colombia para ver a su familia. Isabel también cuidó durante mucho tiempo de una señora mayor llamada Sebastiana la Manquita con quien lloró mucho cuando se la llevaron a la residencia de la Cruz Blanca dirigida por Pepe el Fraile por que ella no podía hacerse cargo llevándosela a su casa, aunque fue a visitarla todas las semanas hasta que murió. La mayor pasión de Isabel era acudir a la iglesia tanto para oír misa y rezar como para colaborar en todo lo que pudiera hasta el punto de ser una de las fundadoras de Caritas Parroquial empleando su tiempo en visitar enfermos y necesitados. En Semana Santa adornaba de flores los pasos del Cristo y de la Virgen y salía de penitente de la virgen del Socorro.”
En la primera foto Isabel con Victor Martínez, «mi niño Victor» y en la segunda en Semana Santa.
