Ya hemos hablado otras veces de la importancia que han tenido los médicos en la historia de Casas Viejas. Hoy traigo al blog el caso de José Espina Calatriú, aquel médico de origen extremeño que vino a Casas Viejas y se casó con Nicolasa García Vela en 1901. El caso me a servir para reflexionar en torno al poder. Dice Mintz que :»Dejó a un lado su profesión de médico y se dedicó a administrar y aumentar las propiedades agrarias de la familia. En 1908, las dos familias hicieron inventario de los nombres de sus terrenos y casas acumulados, lo dividieron todo en dos partes aproximadamente iguales, y las sortearon«. Pero las actas capitulares del Ayuntamiento de Medina nos demuestran que el abandono de la profesión de médico vino motivado por un enfrentamiento con éste. Hostilidades que ponen de manifiesto como este funcionario se enfrenta al poder establecido, ante lo que él considera una injusticia. Antes de la creación de la Seguridad Social, los Ayuntamientos se hacían cargo de la sanidad de las clases más populares, dentro del llamado Servicio Benéfico Sanitario, por tanto, eran los Ayuntamientos los que contrataban a los médicos, existiendo un número de plazas en concreto de acuerdo con un censo previo de pobres que había en todos los Ayuntamientos. En las actas del 29-9-99 encontramos su nombramiento: “Se acordó confiar interinamente el cargo de Médico municipal de la Aldea de Casas Viejas y Sierra al Licenciado en Medicina y Cirugía Don José Espina y Calatriu con el haber anual de mil quinientas pesetas, que se le satisfaga de las novecientas noventa y nueve peseta consignadas para dicha plaza en el capítulo primero y el resto del sobrante que por supresión de varios cargos existe en dicho capítulo y artículo” Esta diferencia entre las 999 y el resto va a ser el casus belli que desencadene todo el enfrentamiento. Dos meses después, el 25-11-99, aparece lo siguiente “En vista a que es necesario para el médico de la Aldea de Casas Viejas, tener una caballería para poder trasladarse a visitar las familias pobres de la Sierra de este término y demás pagos de su demarcación y siendo reducido el haber de novecientas noventa y nueve pesetas anuales que dicho Médico disfruta, dado los gastos que al desempeño de su cargo ha de producirle S:E. acordó conceder al referido titular Don José Espina Calatriu la gratificación mensual de treinta y dos pesetas para ayudarle en los gasto de manutención de la caballería…” Tres años después, ya casado con Nicolasa García Vela (nieta de Francisco y Juana Vela López) los enfrentamientos con el Ayuntamiento de Medina desembocan en “Se acordó suprimir la gratificación de cuatrocientas pesetas anuales al médico titular de la Aldea de Casas Viejas » según podemos leer en las actas del 3-1-1903. Posiblemente José Espina amenazaría con dejar el cargo porque tres meses después se le vuelve a pagar los gastos de manuntención del caballo, así se lee el 29-6-1903 “vuelva a disfrutar la suprimida gratificación de cuatrocientas pesetas anuales por el gasto que le origina la manutención de su caballo, el Médico Titular de dicha Aldea D. José Espina Calatriu.” Pero cuando las causas profundas persisten los parches son sólo eso, pues en el pleno de 17-2-1905 se acuerda“ separar de su cargo al Médico Titular interino de la Aldea de Casas Viejas que venía desempeñando a Don José Espina Calatriu”. El asunto no termina aquí, va a ver otro intento de reconciliación e incluso se llega a un acuerdo. El acta de 7-5-1906 lo refleja claramente “ Se leyó una comunicación de Don José Espina Calatriu, de fecha dos del actual dándose por enterado del acuerdo en cuya virtud este Excmo Ayuntamiento se sirvió reponerle en el cargo de Médico municipal de la Aldea de Casas Viejas y añadiendo que volverá a encargarse de su servicio cuando se le conceda la gratificación de cuatrocientas pesetas anuales que, para la manutención de una caballería percibía hasta fin del año mil novecientos cinco, el Ayuntamiento acordó… se le abonará a Don José Espina Calatriu con expresado objeto, treinta y tres pesetas treinta y tres céntimos mensuales…«. Siempre he pensado que sobre aquellas personas que tienen sus necesidades económicas resueltas debería recaer un imperativo moral adicional para luchar contra las injusticias y los atropellos. La reconciliación duró menos de un año. En febrero de 1907 se confirma la ruptura definitiva, por el momento, entre José Espina y el Ayuntamiento, su trabajo va a ser cubierto por los médicos de Medina D. Francisco de Dolarea y Velasco y Don Ángel Butrón y Linares. En 1909, Federico Ortiz, cuñado suyo, se hace cargo de la plaza. La postura de firmeza y defensa de sus intereses de José Espina hay que ponerla en relación con el hecho de que al año siguiente se va a hacer cargo de la mitad de las propiedades de la familia Vela, inaugurando una saga familiar, la de los Espina, que va a tener continuidad hasta la actualidad. Quedan establecidas las dos grandes familias propietarias del pueblo en el siglo XX. Mintz define a José Espina de la siguiente forma: «Don José Espina era un enigma mayor que Don Antonio (Vela), y la opinión del pueblo sobre él estaba dividida. Don José tenía un carácter agradable, y a menudo prestaba herramientas a sembradores necesitados. Sin embargo, cuando alguien le pedía dinero, respondía que él sólo era el encargado de los terrenos de sus suegros y que no se lo podía permitir. Algunos le creían un desalmado; otros le encontraban amable».
Los enfrentamientos entre José Espina y el Ayuntamiento de Medina no van a terminar aquí, sino que van a continuar en el tiempo, pero ahora por otros motivos relacionados con su nueva dedicación como propietario agrario, de los que ya hablaremos otro día. Luego vuelve aparecer como médico el 31-7-1916 en el que le dan un mes de baja por enfermedad. Luego el 2-7-1917 le retiran la subvención de 400 pesetas para el caballo por ir a la sierra a visitar enfermos y el 30 del 12 de 1918 en plena epidemia de gripe presenta la dimisión definitiva.
En fin, que la manera de enfrentarse a las arbitriaridades que pueda cometer el poder está condicionada por la forma de ser del individuo y por las circunstancias personales de esa persona, en un momento y lugar concreto. Ya lo decía Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”

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