«Lector para llenar el hueco reservado a esta crónica aldeana, tendré que parodiar al poeta de «Un soneto me manda hacer Violante»… Nuestro querido director desea que conozcas lo más interesante acaecido en el año 1929 y poco tengo que contarte de estos lares. Los doce meses han transcurrido sin noticias dignas de interés; seguimos esperando las mejoras que te anuncié en mi crónica del año anterior. Sin embargo, Dios mediante, el año nuevo convertirá en realidad muchas de nuestras aspiraciones. En el orden espiritual, no tardará en inaugurarse la casa de Dios, pues según acuerdo habido, se abrirá al culto la nueva Iglesia para la fiesta del Patriarca. En cosas materiales, ha sido muy pródigo el año saliente. Han embaldosado y dotado de un nuevo alumbrado la Plaza de la Constitución; el Concejo ha creado la Casa Municipal donde instalarán todas las oficinas y dependencias a su cargo; y la Dirección General de Teléfonos ha aprobado el proyecto de instalar un Centro urbano e interurbano ¿Que te parece? Pero no te hagas ilusiones, que nada de esto podrás conocer porque no tenemos carretera. ¿Recuerdas haber leído en el número extraordinario de nuestro simpático DIARIO (año 1927) que habían comenzado las obras de nuestra carretera?, pues todavía no han terminado los primeros diez kilómetros. Y nada más por hoy lector: gracias por la paciencia que has tenido de repasar esta croniquilla, que no quiero finalizar sin desearte un feliz año nuevo. Manuel Sánchez y Sánchez»
Esta crónica del maestro Manuel Sánchez pretende ser un resumen del año 1929, pero también es un escrito de protesta ante la situación que vivía el pueblo. Utilizando la ironía como arma, cosa lógica y recurrente en todos los estados autoritarios, critica el estado de dejadez y la carencia de infraestructuras de su pueblo, como puede ser el estado carencial en general («seguimos esperando las mejoras que te anuncié en mi crónica del año anterior«), concretizando en aspectos como la ausencia de una carretera (» Pero no te hagas ilusiones, que nada de esto podrás conocer porque no tenemos carretera«.). Pero donde la ironía llega a cotas sublimes es en las aspiraciones para el próximo año. Estoy convencido de que Manuel Sánchez sabía que eran vanas promesas y no se iban a ver cumplidas, pero su deseo y su reivindicación de que así fuera lo fuerzan a escribirlo en la crónica anual. La realidad siguió siendo terca y dura. La iglesia habrá que esperar a 1944 para su consagración y terminación definitiva. La centralita de teléfonos no llegará hasta 1945. La obras en torno a la Casa Municipal fueron parejas a la de la plaza de abastos, esta se inauguró el 31-12-1931 pero los gastos no podían sobrepasar «las mil pesetas«. En el 43 y en el 63 se volvieron a hacer obras en torno a estas oficinas, pero hasta 1991 no tendríamos un edificio que hiciera de Ayuntamiento y que fuera digno de ese nombre. La carretera a Medina no se terminó hasta que el 26-7-1933 Indalecio Prieto como ministro de Obras públicas no libró 601.939 pesetas para su conclusión. Es muy posible que en este libramiento influyera el hecho de que los Sucesos de Casas Viejas habían sacado a la luz pública la situación de marginación que vivía esta localidad. En fin que el año 29 se pusieron unas farolas y unas baldosas en la Alameda y que las promesas tuvieron que esperar bastante tiempo.
La forma en que ha llegado hasta mí este artículo de Manuel Sánchez tiene también su historia y será objeto de una entrada próximamente.
La fotografía de Manuel Sánchez es de Dubois
