Ni pena de muerte, ni infierno, ni ostracismo, el peor castigo es llenar la vida de nada. Ese es uno de los mensajes que me traigo del cine, después de ver la película El secreto de sus ojos, de JJ Campanella. A veces cuando vas a ver una película de la que te han hablado maravillas sueles salir decepcionado, el nivel te lo pones y te lo ponen tan alto que no suele resistir la presión. En este caso no me ha gustado el final, pero la película me ha maravillado. Se trata de un film argentino que a veces es policiaco, otras político u otras romántico. Una veces es tragedia y otras comedia pero siempre te habla de la soledad y del sentido de la vida. Me ha recordado muchas veces a «Tata mía» o «Asignatura pendiente», en el sentido de que uno de los temas que toca es la transición política, el que hacer con un pasado que tanto te hiere. También me ha recordado al Amor en los tiempos del colera, pero sobre todo me trae reminiscencias de Lugares comunes, por eso me ha gustado tanto. De los Barrios a Benalup hemos venido hablando de ella, dándole vueltas, exprimiéndola. Es la típica película que hace trabajar la cabeza del expectador después de verla. Te emociona, te importa, te hace reir, casi llorar, te entretiene y te hace pensar, por eso he llegado a casa y me he puesto a escribir esto con la intención de recomendarla a aquellos que todavía no la hayan visto y le pidan al cine cosas parecidas. Los que me conocen saben que tiro mucho de frases hechas y hay una que es especial para mí. Aquella de «si no vives como piensas, terminaras pensando como vives«. Hoy he pensado que la puedo parafrasear: «Si no vives como piensas, terminaras llenando la vida de nada«.
