Ayer, 9 de noviembre de 2009 se celebró el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. Su celebración tuvo un escenario especial en internet. Como en botica, hay de todo. Están los que ponen la tilde en que la caída del muro de Berlín significó el triunfo de la libertad sobre la opresión y están los que intentan arrojar cubos de agua fría sobre estas celebraciones recordando muros actuales como los de Israel en Palestina, los de Sudáfrica sobre Zimbabue o el que divide a India de los musulmanes de áreas de Pakistán o de Bangladesh; o «el que aísla a los palestinos de Israel y la súper-pared de 1100 kilómetros que EEUU construye para separar a México de los territorios que hace siglo y medio le arrebató a esta nación». Más cerquita tenemos el que separa a los saharauis del territorio ocupado por Marruecos o el que se intenta instalar en Ceuta y Melilla para separar el mundo rico del pobre. En nuestro pueblo los muros creados por la dependencia política y económica, aunque con huellas recientes, han desaparecido, pero como en el resto del mundo civilizado no ha ocurrido igual con los psicológicos. No se puede, ni se debe construir un telón de acero o de la discriminación contra los que piensen de otra manera, hayan nacido en otro lugar o en otro tiempo, levanten ampollas con su insultante libertad o tampo se puede ni se debe pretender encerrar en un muro de olvido y silencio a nuestro pasado. Ayer se celebró la caída del muro más emblemático del siglo XX, dice Hobsbawm en su bitacora: «A nivel global la caída del Muro de Berlín representa el fin del enfrentamiento de los dos paradigmas más importantes del siglo XX y la aparición de nuevos, como el de la globalización, los regionalismos y el problema medioambiental«. Hoy ya solo quedan pequeños recuerdos de esta celebración a modo de resaca. Mañana volveremos a la rutina y a la cotidianidad. Pero días como estos siempre sirven para pedir el fin definitivo de todos los muros que nos separan y pedir que, a partir de ahora, los muros sólo sirvan para poder expresarse libremente. Eso sí respetando los monumentos y la propiedad privada. Salud.
