Reconocida vida entre fogones
Teresa sigue mimando cada uno de los platos que salen de la cocina de su establecimiento. ::Diario de Jerez
Donde Gabo comió con las manos
Otorgan la Medalla al Mérito en el Trabajo a Teresa Montero, que regenta desde hace sesenta años la venta El Soldao, lugar de paso de celebridades y donde se han tejido muchas estrategias políticas de la provincia
P.I. / Cádiz | Actualizado 05.12.2009 – 05:01
«Me gusta trabajar y todavía me pongo a hacer mis arrocitos si me da. He tenido una buena vida viendo a los clientes disfrutar». A Teresa le falta su Pepe desde hace 22 años y ha sido ella la que ha llevado el negocio durante todo este tiempo, un tiempo en el que la venta se ha elevado a la categoría de leyenda. Es la venta un lugar de obligado paso para el presidente de Diputación, Francisco González Cabaña, que en ella ha celebrado algunas de la reuniones donde se ha muñido lo que ‘muñen’ los políticos. Pedro Pacheco, ex alcalde de Jerez, era otro de los habituales para congregar a sus andalucistas. Y, de vez en cuando, Pacheco y Cabaña, viejos compañeros de oficio, se reunían a intercambiar historias. Situada en la carretera que une Medina con Benalup, en el kilómetro 4, en la pedanía San José del Malcocinado, sus mesas han visto a pasar a Paquirri y Pantoja en sus años dorados, a María del Monte y, sobre todo, esa comida histórica: Felipe González le pidió a González Cabaña que le dijera un lugar para agasajar al premio Nobel Gabriel García Márquez. Fue un éxito rotundo. «Se comían el pollo con las manos -recuerda Teresa- y me dijo Felipe González que así era como mejor sabía la comida. Se chupaban los dedos. Lo que siempre he dicho es que la gente tenía que comer bien y estar bien atendida y yo me he preocupado de eso. Que no es un sitio de etiqueta, eh, que aquí viene gente muy famosa pero nosotros le tratamos como a cualquier cliente: bien, muy bien».
«Pollo con tomate y arroz con pollo», dice Teresa cuando se le pregunta por su especialidad. Ayer Teresa era noticia, pero seguía en su venta, con sus hijos, un día especialmente fuerte para el negocio en el arranque del puente. Hay que pedir mesa para poder disfrutar del menú campero del Soldado. Si se le pregunta a Teresa por el día más feliz de su vida dice unos cuantos, porque son cada una de las bodas que ha celebrado de sus hijos. «Y, bueno, el día de hoy no está mal. Me han dado una medalla al trabajo y yo nunca he parado de trabajar», aunque en su humildad dice esa frase que habrá escuchado tantas veces en otras bocas de que habrá mucha gente que lo merezca tanto como ella. Sin duda tendrá razón, pero Teresa, la mujer de El Soldado, lleva en su biografía la historia de un país poco conocido, el país de los que sacaron adelante una vida con poco más que sus manos. No se sabe si algún empresario negoció un pelotazo en su mesa, seguramente sí. Si lo hizo, fue en la casa en la que Teresa y su familia se ganaron el pan a base de puro esfuerzo. «Así es, señor, así es».
La Voz de Cádiz
PINCHITO MORUNO
La cocina del bambito
06.12.2009 –
JOSÉ MONFORTE
La cocina del bambito
Teresa Montero, la fundadora y cocinera de la Venta El Soldao, situada a medio camino entre dos tierras benditas para los que somos de comé, Medina y Benalup, acaba de ser distinguida por el Gobierno con la medalla al trabajo, una joya para ella que lleva toda la vida guisando uno de los arroces más famosos de La Janda.
El premio para Teresa es un acierto porque ella forma parte de toda una generación de mujeres que ha hecho y hace maravillas en las cocinas de muchas ventas y bares de los de toda la vida de la provincia. Nunca han llevado gorro, ni vistosas chaquetillas de botones. Jamás han tenido grabado su nombre en el pecho y su uniforme ha sido siempre su bambito, esas batas de andar por casa, amplias, floreadas, que permiten que pase el fresquito, dicen ellas, y que les da comodidad. Como mucho un delantal, eso sí, más blanco que el bordado del pañuelo de la Virgen del Carmen.
Aprendieron a cocinar de sus madres y no han pisado una escuela de hostelería en su vida. Como mucho se tragan todos los días los programas de Arguiñano, pero cuando un plato de esos de loza blanca preparados por ellas te llega a la mesa humeando preparaté para sentirte más feliz que Rouco Varela poniéndole la penitencia a Zapatero.
La verdad es que estas cocineras, que pasan muchas veces desapercibidas detrás de una cortinilla que las separa de la zona del público, merecen muchos homenajes y que se les reconozca ser las madres de mucho de los éxitos que tenemos ahora en la gastronomía gaditana. Los jóvenes cocineros tienen la suerte de haber recibido una formación y de contar con muchos más medios. Afortunadamente, hoy, los cocineros son considerados y esto lo digo como algo tremendamente positivo, artistas porque realizan obras de arte que se disfrutan con muchos más sentidos. Si una pintura se disfruta con la vista, un plato se ve, se toca, se huele y se paladea y, en algunos casos, se oye, porque también uno disfruta ‘de oreja’ cuando cruje un barquillito… sobre todo si dentro lleva un topolino de Los Italianos.
Hay muchas cocineras que merecen también un homenaje como Teresa y creo que muchas de ellas, con el galardón a Teresa se sienten también premiadas. Caridad Molinares de la venta El Quinto o Rosario Fernández de El Raspa, también con un montón de quinquenios a sus espaldas merecían un premio, porque ellas nos dan todos los fines de semana el suyo que es un maravilloso plato de pato con arroz o simplemente unas papas con huevos. Grandes guisanderas como Rosa Duque de Casa Bernal en San Roque y su famosa menestra con fideos y muchas más de las que injustamente me olvido en este momento. Con ellas nunca se perderá el pan de telera porque sus guisos son de mojá.
Ea, felicidades para Teresa y un besito para todas, que estoy cariñoso.

