En 1946 se decreta la desecación de la hasta entonces Laguna de la Janda. Pero habría que esperar hasta 1963 para una primera desecación parcial. La estrategia para desecarla constaba de dos variables, por un lado, construir embalses en la cabecera de esta que regulasen el aporte de la cuenca (Almodovar, Celemín y Barbate, el proyectado sobre el río Álamo está bloqueado) y por otro establecer un sistema de drenaje que evacuara el agua a la marisma con cierta rapidez. Hasta que no se realizó la prensa de contención del Barbate las inundaciones eran muy frecuentes y sobre todo en el primer quinquenio de la década de los sesenta. Es en ese periodo cuando empieza un hecho trascendental para el futuro de esta zona; la introducción de los llamados cultivos sociales en las Lomas. Decía un amigo mío que en los cincuenta sólo había carbón y que si no hubiera sido por el algodón y la remolacha esta tierra casi se hubiera deshabitado con las emigraciones de los años sesenta. Hay muchos datos que consolidan esta hipótesis. En el quinquenio del sesenta al sesenta y cinco se sembraron de ocho a diez mil hectáreas de algodón que para su recolección, en aquellos tiempos todavía bajo el sistema tradicional, fue necesaria la participación de más de 9.000 trabajadores venidos de toda Andalucía. Este monocultivo se adaptaba al ritmo de inundación y sequía de la Laguna de la Janda. Por tanto, eran frecuentes las inundaciones que coincidían con la recogida del algodón, al estar la desecación de la Janda en sus albores. Cuenta Agustín Coca en
Los Camperos: “En plena inundación nació José, un informante que comenta cómo su madre tuvo que ser rescatada por un helicóptero del ejército con él, recién nacido, en brazos. Relata cómo cazaban, teniendo que estar avisados para no quedar aislados por el agua: mi padre fue a coger pajaritos para hacerlos con arroz. … Mi padre iba con el gasoil y una lata. Y un cencerro con una zaranpoña: una red… (caza con carburo). Y por el cencerro se creían los pájaros que mi pare era una vaca. Pero se quedaron dos días aislados porque subió el agua y no se dieron cuenta. En la Isla del Pastor que le llamaban… y el Mácaro chico y yo venga a buscarlos. Y aparecieron a los dos días. Y vinieron con los pájaros… y se lo repartieron entre todos…En febrero y a pesar de la prohibición del Carnaval, durante los escasos descanso o mientras los “cigarros”, se componían coplas. Una de sus letras narra como principal tema las cacerías furtivas:
Una noche de llovizna/una noche muy lloviznosa/Veréis lo que pasó/Estando en la mediana/Estando cogiendo algodón/ Esto eran unos muchachos/que fueron a cazar fortuna/Fueron a cazar trigueros/En medio de la laguna/Y primero iban los Rojas/Después Tellez el Pavero/Cristóbal el de Juan Sin miedo/ Y Felipe y el Pavero/Nos queda Rojas el Mayor,/que es el que lleva el cigarro,/Diciendo que es que…/Que vamos a matar un pato”. Pese a todas la obras de infraestructura posteriores cuando las lluvias son muy abundantes las inundaciones vuelven a esta zona, como ocurre en estos días. Pero me interesa destacar las malas condiciones laborales por las que pasaron estos trabajadores en estos tiempos de transición de la agricultura tradicional a la moderna. Penurias sin las cuales no se entedería la situación actual y sobre las cuales voy a seguir insistiendo en entradas posteriores, cuando aborde la cuestión del alojamiento.
