Los jornaleros nunca se han autodenominado con este nombre, han utilizado vocablos como “obreros del campo, los de nuestra clase, nosotros los trabajadores o nosotros los pobres”. Los jornaleros se caracterizan por no tener propiedades, sólo poseían sus manos. «La significación de las manos para los trabajadores agrarios no poseedores de tierras se convierte en un elemnto referencia indiscutilble. Las manos, y su cuerpo, son las únicas posesiones con las que cuentan y emplean para poder subsistir, lo que les diferencia del resto de sectores agrarios locales que al menos son propietarios de algún medio de producción. De ahí la importancia y las referencias constantes a las manos. Tener las manos callosas y enseñarlas es una práctica habitual que sirve para distinguirse con orgullo algunas veces, aunque otras también con resignación…En caso de no mantenerlas callosas, se comentaba que tenía manos de estudiante, de señorita, etc. No de trabajador. Trabajar en una oficina, delante de un ordenador, de guarda, regando o conduciendo no se considera trabajo ente este sector» (Coca Pérez). Los «señoritos» tenían sus tierras. Ser señorito implicaba cierta altanería y ejemplificación de la superioridad con respecto al pueblo llano. No habíamos roto del todo con aquellos oratores, bellatores y laboratores con que Adalberon de Laón montó la sociedad trinitaria. Todavía cuando un amigo despistado pasa y no nos saluda, le soltamos aquellos de «siempre ha habido pobres y ricos«, que tiene esa acepción y también la propia del fatalismo andaluz para explicar que la estructura social es la que es y no se puede cambiar. La expresión también la utilizamos, aunque esta vez con el silenciador puesto, cuando un antiguo conocido sube en las escalas económicas o/y políticas, y al toparse con nosotros en la calle con una mezcla de tímidez y prepotencia mira para otro lado. En esos casos lo mejor es recordar lo que cantaba Meneses por tientos con letra de Francisco Moreno Galvan:«Señor que vas a caballo/ y no das los buenos días/ si el caballo cojeara/ otro gallo cantaría». Aunque para esto de pobres y señoritos la mejor es anecdota es la que recoge Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas. Resulta que unos señoritos comiendo en un cortijo se planteaban como los jornaleros podían comer a base de “cuchará y paso atrás” en los dornillos, cual cochinos en el monte o en la zahúrda, todos a la vez. «Llegado esto a oído de los jornaleros, revotaban la pregunta pero con la coletilla de que los señoritos no podían comer en los dornillos, porque sus cuernos se lo impedían y así tenían que hacerlo en un plato individualmente«. En la actualidad los señoritos del campo es una especie en «peligro« de extinción. Aunque hay otro tipo de señoritos, relacionados con el mundo de la política. Si al final va a ser lo que decía Rousseau: «El hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado»
Fotografía Mintz
