Las rebuscas suelen ser realizadas o por los jornaleros desde finales de agosto a septiembre, en una época en que las corchas y las recolecciones habían acabado y no habían empezado las labores de siembra o el carboneo o por los niños y las mujeres. Se trata de ir detrás de los jornaleros para coger lo que estos hayan ido dejando. Las rebuscas a los destajos eran las más efectivas, ya que la rapidez con la que se hace la faena implica que se dejen una parte de los productos en el campo. Para su ejercicio sólo se necesita algún saco y bestia en el que transportar el producto. Siempre había alguien en el pueblo que compraba la rebusca y que a su vez negociaba con ella en su conjunto. Entre las rebuscas más características estaban las de los garbanzos, el trigo, la cebada o las forestales para el carbón. El tercer tipo de actividad recolectiva es la más importante de las tres y está relacionada con la abundancia de frutos silvestres en la zona. Se recogían espárragos, tagarninas, higos –chumbos y brevales-. madroños, alcauciles, cogollos de palmitos, murtas o palmichas en invierno, que comercializan de diversas maneras. Un caso especial es el de los caracoles y las cabrillas, que aunque no sean vegetales, participan de las características de los anteriores en cuanto a la recolección. Es necesario insistir en la importancia económica de estas prácticas, la abundancia de recursos se debe al menor grado de desarrollo de la zona y a la posición geoestratégica entre la costa, la Janda y el Parque de los Alcornocales. En cuanto a la comercialización o se venden a los bares o las tiendas o casa por casa o se rifaban o a intermediarios que luego los vendían a Madrid, Sevilla o Cadiz. Nicolás Cabañas, además de la zapatería de la calle Medina (actual Independencia), tenía un poco más arriba, un casarón donde ahora está el kiosko de la fuente de los Vaqueros, donde compraba «sobre todo a gente del Tajo (Fogarines, López, Gallinitos, etc) le llevaban los espárragos y demás que recogían durante el día en el campo, y de allí salía a eso de las 5 de la mañana un camión que llevaba todo a Madrid. Allí lo esperaba Antonio Rodríguez (un tío de Ricardín el del bar) que ya se encargaba de venderlo por la ciudad».
Su ejercicio estaba en manos de especialistas. En la actualidad aunque sigue habiendo especialistas, la recolección de estos frutos se ha generalizado y ha pasado a formar parte de los hobby de esa clase media, que antes fuimos baja, y que tan aficionada es a prácticas saludables como montar en bicicleta, buscar espárragos, setas o cabrillas, por poner sólo tres ejemplos.Una práctica que está en la actualidad en boga es la recolección de setas. Dice Agustín Coca «En el año 1976 se inicia de forma genralizada la recolección de setas-hongos en terminología local- en la localidad de Cortes de la Frontera. Es cuando un catalán inicia la compra de las especies Boletus y Chantharellus. Los precios que pagan no sobrepasan las 50 pst el Kg, recogiéndose en la zona 300 Tm ese año. A partir de entonces aumentan los compradores de este producto y se generalizan prácticas recolectivas en los pueblos vecinos. De hecho en Alcalá de los Gazules se comienza a recolectar en 1979. Los puntos de venta suelen coincidir con los ventorrillos de los alrededores de la localidad, siendo los propios ventorrileros los intermediarios entre los trabajadores agrarios y los compradores foráneos. De aquí, el producto se dirige al aeropuerto de Jerez de la Frontera desde donde embarcan con destino a Francia o Alemania sin sufrir transformación alguna».
En B/CV el hecho de que la aparición de la recolección de setas y hongos coincidiera primero con el boom de las Lomas y después con el de la construcción ha hecho que esta práctica casi en su totalidad se reduzca a los fienes de semana y como parte de esas actividades saludables que antes comentábamos, por tanto, es más un hobby que un trabajo. Aunque la crisis actual está haciendo que ya haya muchas personas que buscan setas para venderlas.
