Los espárragos por su importancia merecen un espacio especial en esta entrada. Uno de los mayores especialistas y sobre todo más conocido fue José Monroy “El bailaor”, el secretario del sindicato de oficios en 1933. El mote le venía por la rapidez y eficacia que tenía Monroy al buscar espárragos y como el juego de piernas necesario para aplastar la esparraguera parecía como si estuviera bailando. Hoy en día, como ya se ha dicho, ir a buscar espárragos es una práctica que se ha extendido a todas las clases sociales, aunque cuando hay crisis como la actual los torpes como el que escribe algunas veces se trae el suyo. Recuerdo que hace 15 años estaba yo buscando espárragos en Vallehermoso y me encontré con Angelín Fogarín que se quedó con la boca abierta. “Quillo, ¿qué haces?” No entendía como cortaba los espárragos y los echaba a la mochila “¿Cómo vas a hacer la maceta después? No si yo los cojo para comérnoslos en casa o en un guiso con los amigos”. Aunque harto de tener que faenar con señoritos, coteros y guardas, la presencia de un aficionado foráneo como yo no le supondría demasiado malestar.De hecho me prometió que me iba a llevar a Morales a buscarlos. Los espárragos no escapan de esta constante lucha entre los que tienen las tierras y lo que no tienen, que caracteriza esta tierra. Me decía un esparraguero:”A mí el guarda me deja entrar en ……, a cambio, como yo que lo ando todo si veo que alguien ha puesto los lazos o las trampas o está furtiveando cuando salgo se lo digo, así me aseguro poder entrar siempre que quiero”. Es lo que dice Juan Lobón en el libro de Luis Berenguer: “La abuela de D. Gumersindo, el padre y el mismo, siempre soltaron cuartos a los chivatos. Lo decía madre, que por contentar al amo y hacer meritos todos fueron chivatos, alcahuetes y de poco fiar.» Osea, que es como en el Paleolítico, pero con propiedad privada.
En la foto José Monroy Romero y su esposa posan en una boda a finales de la década de los cuarenta
