y una casa clara cerca de la Alameda.
Pagana, la tienda de su madre,
el burro y la huerta de su padre en su juventud,
Cádiz, Sevilla. Colombia… en el recuerdo queda.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín ha sido
—ya conocéis su torpe aliño indumentario—,
mas recibió la flecha que le asignó Cupido,
aunque la iglesia de su Alameda quedara en su imaginario
Hay en sus venas gotas de sangre alcalaína
pero su obra brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso con una recta vida
es, en el buen sentido de la palabra, BUENO.
Desdeña las romanzas de los tenores huecos
y los que quieren comprar o vender la luna.
A distinguir se para cuando le dejan sus vientos
y escucha solamente, entre las voces, una.
Conversa con el hombre que siempre va consigo sin ira
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
su soliloquio busca la esencia de su vida
así aprendió el secreto de la filantropía.
Le gusta abrir las celdas de las prisiones
pasear junto a todo aquel que sufra,
el carbón sometido a grandes presiones
en diamante resulta
Para ser el mismo se ha desangrado
para defender su personalidad ha vivido
no es que sea despistado
la concentración en su importante su sino ha sido
Y al cabo, nada nos debe; debémosle cuanto vivió
En la vida lucha, sin volver la vista atrás
con su dinero paga, las pocas cosas que compró
el pan que le alimenta y el vicio de ayudarle a los demás
Y cuando llegue el día del último viaje,
y deba decir su adios sin alegría
le encontraremos a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como aquellos que fueron objeto de su filantropía.
