Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Las conversaciones de los bares son como la vida misma, se sabe como se empiezan, pero no como terminan. Comenzamos hablando de los premiados por el Ayuntamiento para la edición de este 19 cumpleaños de la Independencia y terminamos hablando de perdedores. Todo el mundo está de acuerdo con los premios de este año a Sebastián Sánchez y al C.P. Tajo de las Figuras. Son correctísimos y fruto del consenso de los tres grupos del Ayuntamiento. Por mi parte, nada que objetar, todo lo contrario. Pero, la conversación empieza a abandonar superficialidades y toma derroteros más profundos. Hablamos de la misa del viernes de Antonia Jordán Casas. Un hombre que está en la esquina de la barra, dice que la conoció muy bien, que era de su calle. La calle Nueva, la calle de los jornaleros, la calle de los derrotados, la calle de los Sucesos. Palmiro ya no se llama Palmiro sino que responde al nombre de José; católico, apostólico y romano. A sus padres, anarquistas ambos, no les gustó que su abuela lo trajera en el 36 a la Iglesia y lo bautizará con ese nombre, una noche de lluvia y viento. En el bautizo, con alevosía y nocturnidad, hubo sólo cinco personas, el cura, su abuela, él y dos padrinos. Los padrinos fueron Baltasar Alcántara y Ana Barca, dos cristianos que siempre estaban de guarda para hacer esa función ante hijos de tantas «ovejas descarriadas« como la historia de España dio en la década de los treinta en Casas Viejas. La abuela lo consideraba un seguro de vida ante los tiempos que corrían, tras el inicio de la Guerra Civil. Cuenta Palmiro que su padre tuvo que irse de la suerte de Baltasar donde vivía (antes de llegar al Puerto de los Chinos), porque Baltasar Alcantara, alcalde pedáneo en el 36 y con muy buenas relaciones con los vencedores, le dijo que había visto una lista con los nombres de los que iban a ser fusilados próximamente y el suyo estaba bien clarito. Cerca de 100 personas tuvieron que huir del pueblo, porque eran de la mitad de la España que la otra mitad pretendía aniquilar, aunque el sentimiento era múto. Como sabían, por la experiencia vivida tres años antes, como se las gastaba esta gente, huyeron y salvaron la vida. Terminada la guerra y tras pasar tres años en el penal de Ocaña, volvió al pueblo y un guardia lo llamó a Medina para pegarle una paliza con carácter retroactivo por lo de los Sucesos, desde entonces no abandonó la cojera. Pero, el padre de Palmiro no sólo perdió en los Sucesos, en la guerra, o en el nombre de sus hijo Palmiro que pasó a llamarse para la posteridad José ( o Pepe por lo de Padre Putativo de San José), sino que cuando le quitaron las ovejas también perdió, o cuando tenía que inclinarse y quitarse la gorra ante los señoritos que si habían ganado o cuando tenía que ir a misa porque así era obligatorio. Palmiro fue testigo de todas esas derrotas y de muchas más. Pero también presenció que aunque fueron vencidos nunca fueron persuadidos. Por eso, como otros tantos, estaba siempre huyendo de esta tierra y siempre volviendo, incluso cuando se fue a Alacuart con su hija. Sus amigos Pepe Pareja, Pepe Pilar, Pinto… le informaron de que había un americano en el pueblo que se estaba interesando por su versión de los Sucesos. Entre todos decidieron que ese sería el hombre que les iba a servir a ellos para que la posterioridad conociera su verdad, que era la forma en que habían pasado los Sucesos y las circunstancias en las que estaban envueltos. Palmiro, con la rabia serena que dan los años explica e insiste en que su padre y tantos como él, no es que huyeran o se cambiaran de nada, sino que fueron vencidos y derrotados, aunque nunca convencidos, por eso establecieron el pacto tácito con Mintz. Me gusta tanto como dice que su padre nació y murió de izquierdas, que por primera vez soy consciente de que estoy asistiendo a una conversación de esas que no se dan todos los días. Palmiro, cuenta que en una de las primeras elecciones que hubo recién muerto Franco se encontró a Mintz echando fotografías. Se saludaron y fueron a lo de Ricardo a tomarse una copa. Ahí le echó la foto comprando cupones a Perico el del Pescao. Por lo visto comentaron que las elecciones eran importantes, pero no tanto. Palmiro agradece mucho lo que hizo el Americano por la memoria de su padre y de los suyos, no dice igual de otros que decían que iban a hacer lo mismo. Hace unas semanas se encontró en lo de Acho con Carla Mintz y se lo agradeció muy efusivamente. Después hablamos de su hermana, de su huída con José Lino, de la carretera de la muerte y de la emigración a Valencia. Palmiro le interesa dejar claro que la derrota incluía sacar su vida hacia adelante, la de su mujer y la de sus once hijos. Si resistir es vencer, esta derrota no fue tan absoluta como otra gente piensa. Los hijos no han podido recuperar la memoria y la dignidad de esa generación de las tres derrotas en la manera que hubiera sido necesaria. La batalla está ahora en el campo de los nietos, pero las expectativas no son halagüeñas. Nos despedimos con la alegría de quien no ha perdido el tiempo. Luego me pondré a escribir esta entrada. Esta vez, antes de empezarla si sé como la voy a terminar, como lo hace el libro de los anarquistas de Casas Viejas, con las palabras de Pepe Pareja. «Durante ciencuenta años, hemos estado podando las ramas del árbol social cuyos frutos crecían envenenados, y no hemos mejorado nada… Tenemos pensiones, casas baratas, salarios ajustados de acuerdo al tamaño de la familia, pero todo es en vano, todo vacuo. Podamos los miembros, cuando el problema reside en la raíz.»
Las fotografías de Mintz

Nosotros somos la raiz que no seca con el tiempo y que rebrota del arbol caido. la continuacion esta en nuetras manos, para reivindicar el sufrimiento,la lucha y el honor de nuestro pasado.
Francisco José Sánchez Reyes. Torrent. Valencia
El homenaje a los débiles y derrotados está en la memoria y la palabra. Contar la historia de los vencidos es decir: "Ten cuidado que te pueden hacer lo mismo" ó "Procuras no hacerle a nadie esto". Cada vez que leemos historias y experiencias de estos "derrotados" hacemos un canto a la vida y a la dignidad de las personas
Francisco José Nieto Reyes