José Fancisco Nieto Reyes cuenta la relación de su abuelo con el carbón y nos sirve como ejemplo de la mayoría de los benalupenses de aquella época: “José Reyes Estudillo era un hombre de extraordinario talento. Enseñó a sus hijos mayores a leer, pues eran tiempos difíciles y no podía llevarlos a la escuela. El era carbonero. Todos los años, en octubre, se iba a la sierra, le dejaban un trozo de monte, lo limpiaba y hacía carbón. Se llevaba a su hija Pilar que le gustaba. Así fue recorriendo toda la sierra: Las Gargantillas, Picaso en la Pasa del Arriero, el Carrizuelo, los Tejones, Maja verde y, sobre todo, en Rehuelga, donde estuvo varios inviernos. En Mayo volvía al pueblo, pues no se podía hacer fuego en el monte. Entonces él buscaba trabajo en lo que saliera, como segar, coger garbanzos, cogollos, poleo, algodón, hacer alambradas.
No tenía nociones de construcción, pero el Ayuntamiento le dio un solar en el Tajo y construyó un casaron de piedra y el techo con caña y castañuela, que iba a segarla a la laguna de la Janda”.
En un trabajo que hicieron Cristina Melero y Sandra Pérez podemos leer: «El carboneo es una actividad que tuvo gran importancia económica para los habitantes de las zonas naturales, del territorio que hoy abarca el PN de Los Alcornocales. Antes de la aparición de las energías eléctricas y de gas era indispensable en los hogares como agente de calor y para cocinar. Era común la imagen de los mulos con las seras para rebasar de carbón, golpeando con sus cascos las calles empedradas de nuestros pueblos. Fue tal la presión de la actividad en determinados espacios que todavía hay huellas de ello, por ejemplo el caso de Quejigo, ya que si observamos un bosque de individuos jóvenes, su aspecto es estilizado y con ramaje equilibrio, mientras que los ejemplares más viejos tienen forma de candelabros, de las podas para hacer carbón»
Ni el contrabando, ni el estraperlo, ni las cartillas de racionamiento consiguieron paliar los terribles efectos de la política autárquica sobre la población, el hambre, la inflación, la miseria, la corrupción más absoluta, la escasez generalizada… hicieron que Franco se plegara ante una nueva familia política, los tecnócratas del Opus Dei, rompiendo con los lazos de la política falangista, autárquica y diera paso a una cierta racionalización y liberalización de la economía que significaba el Plan de estabilización de 1959, la puerta del desarrollismo de los años sesenta. En ese contexto se deseca la Laguna de la Janda y se pone en explotación Las Lomas, que junto a la liberalización de las importaciones del gas y el petróleo que significaron la ruina y desaparición del mundo del carbón posibilitaron que este monocultivo fuera sustituido por el agrícola, con la intermediación del éxodo rural a tierras levantinas. Como dice Agustín Pérez en su libro los camperos: “El carboneo, actividad desarrolalda desde tiempo inmemorial en esta zona, desaparece de forma definitiva a comienzo de los años sesenta. Sus efectos en cuanto a la definición de las dehesas y al mantenimiento de las mismas son enormes. Las consecuencias de su desaparición repercute en una arboleda que se ve privada de una de las actividades que procura su saneamiento. De hecho, la importancia de la poda y la entresaca era fundamental para el mantenimiento de la arboleda de la dehesa”. La presión de esta actividad fue tan fuerte que todavía se perciben sus huellas. En la actualidad una enfermedad terrible; La seca sacude al alcornocal y son muchos los que recuerdan los efectos positivos que tenía sobre este la explotación del carbón, dentro de un bosque muy humanizado y en el que el hombre vivía en perfecta relación de sostenibilidad con él, muy lejos de lo que ocurre en la actualidad.
En la fotografía de Mintz, los mismos protagonista que la otra de la serie, hacer carbón en el Aguijón de Domecq. Están haciendo una cadena para subir las espuertas a lo alto del horno.

Hace unas semanas he visto decenas de encinas y alcornoques centenarios arrancados de cuajo por el viento debido al reblandecimiento del suelo por las lluvias persistentes de este crudo invierno. Seguramente que si no estuviera prohibido cortar algunas ramas de estos arboles esto no pasaría y es que no pueden con el peso de la copa cuando llueve y sopla el viento fuerte. Lo mismo ocurre con los canutos que de tanto cuidar de su vegetación están tan sucios que absorben tanta agua que las corrientes se cortan donde antes existían corrientes de agua que duraban hasta bien entrado el verano. Tengo algunas fotos de los arboles arrancados de patillas.