Es una verdadera lastima que el libro Río Barbate editado por la Angencia Andaluza del Agua no se le haya dado la difusión que merece, sobre todo en esta comarca. Estoy convencido de que se trata de uno de los más originales y necesarios proyectos editoriales, sería por tanto una auténtica aberración que ejemplares de él durmieran el sueño de los justos en un lúgubre almacén. A veces por suerte y otras por desgracia gozamos en la comarca de muchos políticos que tocan altas cotas de poder y que pueden hacer de intermediarios entre la administración regional, propietaria del libro y las gentes de la comarca de la Janda. A veces es tan fácil extender y promocionar la cultura como tomar la decisión de hacerlo y este es un caso clarísimo. En dicho libro José Luis Gutiérrez Molina tiene un artículo llamado «Poder y posesión» que no tiene desperdicio. «Un objetivo que se alcanzó a partir de la década de los cincuenta y que en la comarca tiene un refernte especial: la desecación de la laguna de la Janda y la transformación de la finca de Las Lomas de un explotación ganadera extensiva y ligada a actividades tradicionales en otra en la que se llevó a cabo uno de los experimentos agarios más atrevidos y originales de la segunda mitad del siglo XX. Un proyecto que tuvo tanto un fuerte impacto medio ambiental como económico. Además las relaciones sociales en la propiedad de la familia Mora Figueroa han estado trufadas de la dualidad proveniente de la presencia de elementos productivos modernizadores con otros de etapas anteriores y de unas relaciones laborales propias de estrategias empresariales acutaulaes con las antiguas del mundo latifundista. Su trascendencia ha sido en que, por paradójico que pueda resultar, significó un cambio cualitativo en el problema de la tierra. El mundo de Juan Lobón estaba a punto de transformarse y prácticamente desaparecer. El que registró, fotografío y filmó el antropólogo norteamericano Jerome Mintz». Si el mundo de Juan Lobón es aquel característico del Antiguo Régimen, el mundo de Mintz será el periodo de transición de este a la modernidad. Mintz con sus libros, sus películas, y sobre todo, con sus fotos dejó fijados unos modos sociales, económicos y culturales que ya habían desaparecido en la mayoría del mundo occidental y que aquí, como en las Alpujarras granadinas o almerienses o las Hurdes extremeñas o la Alcaria castellana persistieron más tiempo que en el resto de España. Hemos hablado muchas veces de la inmensa fortuna que tuvimos al recalar el antropólogo norteamericano en esta tierra, en ese preciso momento, cuando un mundo se acaba, el de Lobón, y empezaba otro, el actual. El trabajo de Mintz y sobre todo, su recopilación y actualización, ha permitido que muchos interesados se acerquen a esta transición que va desde los sesenta a los ochenta. Ese es el caso de José Benítez Guillén, que apoyádose en las maravillosas fotografías de Mintz retrata desde una óptica local ese mundo que estaba dando sus últimos compases. Historias en Casas Viejas es pues un «dueto» de texto y fotografía que ha hecho que el libro de J. Benítez sea otro imprescindible para la biblioteca de todo aquel que quiere saber y guardar lo que en cierta forma y es parte de él. Forma parte del tercer proyecto que edita Brezo y Castañuela. Es también otro grano de arena en esa inmensa bibliografía, sobre todo si comparamos con otros pueblos de los alrededores de más tamaño y supuestamente más historia, que existe sobre el devenir de Benalup-Casas Viejas y de la cual no cabe otro sentimiento que el del orgullo y la alegría.
