No me ha gustado el artículo del Confidencial sobre las dos formas de sobrevivir la tragedia. Creo que es rizar el rizo comparar los tiempos de la segunda república con la actualidad, o los protagonistas o las causas de Puerto Hurraco y Casas Viejas, además de que, casi como siempre cuando se habla de los Sucesos desde fuera y de sozlayo, el artículo está lleno de errores. Sí es cierto que desde diversos ámbitos tratamos de estudiar y conocer los Sucesos como parte de nuestra memoria histórica, entre otras cosas, para que se terminen falsedades y tópicos como los que aparecen en dicho artículo. Los Sucesos tuvieron un origen político y económico y desde ahí hay que afrontarlos. Por otra parte, me ha gustado mucho el artículo del blog de Norberto, sobre el tijeretazo de Zapatero, así que me propongo hablar del mismo tema, pero desde una perspectiva más local e histórica. Durante dos días consecutivos escuché la semana pasada gritos y pitidos contra el Grupo Q demandando el cobro de los salarios pendientes. Curiosamente los manifestantes ocuparon el mismo lugar que en aquella lluviosa mañana del 11 de enero del 33 lo hicieron gran parte de los participantes en los Sucesos para cortar la carretera, justo por encima de la gasolinera Santa Ana de la Janda. En ambos casos fueron posteriormente a hablar con el Ayuntamiento, en el 33 en la calle Medina a la casa de Juan Bascuñana y ahora en las Canteras. El resultado de las pesquisas es conocido en el primer caso, en el segundo todavía no, si alguien sabe y quiere…
Los desmanes cometidos en el sector de la construcción están en la base de la crisis económica tan brutal por la que estamos pasando aunque muy recientemente (4-5-2010) se vaticinaran brotes verdes que se han convertido en nubarrones negros. Estos desequilibrios se concretan en ejemplos como el hecho de que se pagara en negro 3/4 partes del salario, lo que ha posibilitado la existencia de menos fondos públicos para el estado y de una ridícula base imponible a la hora de calcular el subsidio de desempleo, o también el que muchos trabajadores se queden sin cobrar, como en el caso del grupo Q que antes comentaba. Me parece que hay que diferenciar entre un pequeño o mediano empresario de la construcción, que han sido otros de los perdedores y que si crean riqueza tangible, y un mediano o gran especulador, que han sido los grandes triunfadores.Todo ello en medio de un adormilamiento político de la población que nos hace pensar que si antes Marx decía que la religión era el opio del pueblo, ahora lo puede ser la percepción de que son «los nuestros» los que están en el poder. El «panem et circum» de los romanos. Cosas parecidas planteaba Saramago en su libro Ensayo sobre la lucidez.
Las primeras reacciones políticas a la crisis de 1929 fueron recetas liberales (similares al tijeretazo liberal de Zapatero) y cuando éstas demostraron su inoperancia, se impusieron las ideas Keynessianas y el New Deal basado en la estimulación de la demanda y de las medidas sociales, forma de la que se salió de la crisis económica más grande del mundo capitalista (sin contar la presente que todavía no ha terminado). Ayer decía un tabernero que ya se había acabado el cubata del albañil y que ahora se iba a terminar el café y la cerveza del funcionario. «Cinco millones de pensionistas, 2,8 millones de funcionarios, cientos de miles de ancianos necesitados de asistencia y los 400.000 nuevos padres de 2011 sufrirán en sus bolsillos las consecuencias del recorte» (El País). El problema es que tanto en la crisis en España de la Segunda República, como en la Guerra Civil, como en el franquismo (recordemos que la diáspora de los sesenta tuvo factores políticos y económicos), como en la crisis actual de la construcción o en el tijeretazo de Zapatero, siempre ganan y pierden los mismos. Hasta tal punto que da la impresión que los votos, las elecciones y los partidos políticos tienen la misma importancia ahora que en la Restauración. En el sistema canovista quien tenía la sarten por el mango eran los oligarcas, de tal forma que primero se cambiaba de gobierno y luego se hacían elecciones que las ganaba inevitablemente el partido del turno, gracias a las artes, buenas y malas, de los caciques. Ahora son los mercados los que están por encima de los políticos, de sus ideas y sus programas, como se ha demostrado en el viraje político del gobierno de Zapatero, justo al revés de lo que ocurrió en la crisis del 29. Sí se han recortado partidas sociales, sí han salido perjudicados los sectores más débiles y sí se ha legislado todo lo contrario de lo que se había prometido. Parece claro que el peso jerarquico de las instituciones financieras está por encima del de las instituciones políticas. Si técnicamente se define el caciquismo como un sistema político y económico de dominación real por parte de una minoría sobre una mayoría, lo ocurrido con el tijeratazo nos indica que el caciquismo no ha desaparecido. A lo peor es que los especuladores son la nueva forma en que se presenta el caciquismo rancio para perpetuarse en el poder y seguir beneficiándose de los perjucios causados a la mayoría de la población.
La foto es de 1920 en la visita que el obispo y el marqués de Negrón cursaron a la obra de la iglesia. El autor es el jerezano Fernández.
