
En 1931 entra a forma parte del gobierno provisional el 14 de abril en el Ayuntamiento de Medina Sidonia como concejal, siendo elegido democráticamente en las elecciones del 31 de mayo siguiente. Y, como Alcalde Pedáneo de Casas Viejas, aquí empieza su labor más efectiva promovida por sus inquietudes cívicas y las peticiones de ayuda de cuantos confían en él, que a medida que pasa el tiempo van incrementando su número. Pero no todo es orégano, el enfrentamiento de los anarquistas con los socialistas, incluso en una comunidad reducida, provoca que muchos proyectos y no pocas realidades se frustren por no fiarse aquellos de éstos.
Por razones no muy claras, o no muy bien explicadas por Suárez, éste deja la alcaldía pedánea en 1932, aduciendo cuestiones personales y familiares, a las que habría que añadir su disgusto por cómo se llevaban las cuestiones municipales en Medina Sidonia respecto a Casas Viejas. Fue sustituido por el zapatero Juan Bascuñana. La Reforma Agraria, el gran campo de batalla de los poderosos, de los grandes y ricos propietarios, contra los pobres y menesterosos, contra los que carecían de todo y vivían sin vivir, en unas condiciones que, vistas desde los albores del siglo XXI, más se asemejan a un relato de ciencia-ficción de otros mundos que a una realidad, se deseaba como la solución final a todos los problemas. Pero no fue la panacea. La ley de reforma agraria había sido una aspiración popular en busca de unas medidas que regulasen las desigualdades de la propiedad de la tierra advenidas poco menos que por la gracia de Dios. Desde Carlos III 1759-1788) hubo muchos intentos pero pocas o nulas realidades.
Por fin llegó en 1932 la Ley de Reforma Agraria que se caracteriza, según Malefakis, por su complejidad y desigualad8. El grave error del legislador fue que la ley afectó a muchos de los que no necesitaban ninguna reforma, como eran los pequeños y medianos agricultores del Centro y Norte de España. En el Sur, la de los grandes latifundios, no hubo financiación suficiente para las expropiaciones y no se aplicó con rigor suficiente. Fiel testigo fue José Suárez, uno de los principales organizadores de las colectivizaciones agrarias de la provincia de Cádiz.
Desde la llegada de la República el Gobierno de España estuvo preocupado por aminorar la situación de injusticia social en la que se encontraba tradicionalmente el pueblo soberano, desde la llegada de la democracia, no entendida ésta por quienes ostentaban orgullosos el poder, la fuerza y la riqueza. Los antecedentes de la tan ansiada reforma agraria fueron la Leyes aprobadas en 1931, de Términos Municipales el 24 de abril, la de Laboreo Forzoso de 7 de mayo, y la de Jurados Mixtos Agrarios de 27 de noviembre. Estos últimos como Jurados Mixtos de Trabajo Rural se habían establecido en un decreto anterior, convertido en ley junto con otros el 9 de septiembre de ese mismo año.
José Suárez intervino activamente no en la propia legislación, pero sí en su cumplimiento y puesta en vigor. Cuenta en su Memorias un buen número de situaciones, algunas al límite, que le provocaron no pocos dolores de cabeza, y no solo por los que más se opusieron a esas leyes porque se sentían perjudicados en sus propios intereses sino por algunos de los que eran beneficiarios natos. Pero entre 1932 y la puesta en marcha de la primera colectivización, la de Malcocinado, ocurrieron los Sucesos (así, con mayúsculas) de Casas Viejas, de los que todavía se hacen eco las comunidades más sacrificadas, especialmente en América.
