En septiembre del 98 estaba en Delegación intentando que un profesor que era del pueblo se quedara aquel curso impartiendo clases en el Centro. Me encontré con unos maestros de aquí y estábamos hablando del tiempo para que este pasará rápido cuando se nos acercó un antiguo Inspector nuestro. Tras los saludos de rigor se interesó por el IES y la localidad. Alguien comentó que en el pueblo desde que había conseguido la independencia (20-3-1991) se estaban consiguiendo muchas mejoras. El Inspector dijo que la creación del Instituo era lo más importante que le había pasado al pueblo en toda su historia porque allí estaba no sólo la libertad, sino también la cultura. A mí me pareció la frase un poco exagerada, pero rápidamente la relacioné con ese mensaje que me habían transmitido los dos directores anteriores del Centro (Juan Ponce y José Luis García) sobre la necesidad y la dificultad de preservar la independencia de un centro como este en un pueblo como el nuestro.
Los dieciocho años que llevo en este Centro me dan la perspectiva histórica necesaria para estar convencido de que hay muchas necesidades en un centro educativo, pero en el nuestro dos son prioritarias. En primer lugar, creo que hay que hacer lo posible y lo imposible para que la diferencia entre el número de alumnos/as que entra en primero de ESO y los que salen con segundo de bachillerato o algún ciclo superado sea la mínima posible. Entre el 15 de septiembre que vienen asustados los niños/as del colegio para comenzar la Secundaria y el 1 de junio que se van los hombres y las mujeres que han terminado el bachillerato y han estado toda la noche celebrándolo han pasado seis años. Empiezan en los pasillos de abajo del edificio viejo en 1º de ESO, timoratos y muy pequeños ellos. En segundo de ESO se han mudado al pasillo de arriba, con menos miedo y con más desparpajo. En tercero de ESO siguen en la misma planta, pero ya en el el edificio nuevo, empiezan a asomarse a los pasillos entre clase y clase, metaforeando su existencia. En cuarto de ESO, siguen en el edificio nuevo, pero en la planta de abajo, salen abiertamente ya entre clase y clase,
tomándose la vida por montera. Para los bachilleratos vuelven a la primera planta del edificio nuevo, en primero se van a Italia de viaje de estudios, empezando a descubrir que hay mucha vida después del pueblo, en segundo viajan a Granada, montan dos shows y superan el último obstáculo que se les pone en la adolescencia. Este ciclo vital, que como las estaciones se repite, debe estar guiado por el interés de la Comunidad Educativa, especialmente del profesorado, para que este viaje sea cursado por el mayor número posible de alumnos/as. Esto es lo que trasciende, esto es lo trascendente. He pensado muchas veces después de aquel encuentro con el Inspector que conocía la historia de Benalup/Casas Viejas mucho más de lo yo me imaginaba. En segundo lugar, pues claro que cuenta la forma. Este tránsito debe hacerse en una circunstancias específicas. Aquellas que decía el viejo y querido inspector y los directores que hasta ahora hemos sido. Hay que impartir conocimientos que fomente la autonomía personal de nuestro alumnado, en unas condiciones libres de presiones e intereses varios. Los días nublados son los más peligrosos para tomar el sol en la playa, que no se vean los intentos de manipulación y control no quiere decir que no existan. El objetivo es difícil y arriesgado, pero a la vez emocionante e imprescindible. Hay que aunar la cultura, la libertad y la independencia no para llegar a ninguna meta, sino para cursar este camino que haga que nuestros niños/as se conviertan en hombres y mujeres independientes, cultos y libres. Año tras años, no vale tregua alguna. Toda la historia de este pueblo nos está empujando en ese sentido.
Me han publicado este artículo en el número 18 de la revista del IES Casas Viejas. Ha aparecido sin firma y he creído oportuno publicarlo en mi blog.
