Cuando peor estaba la situación la casualidad hizo que se encontrase con Juan Campos Villagrán, trebujenero y militante socialista, que había sido elegido concejal en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y Diputado a Cortes en las generales del 12 de febrero de 1936, en las que triunfó el Frente Popular. Ayudados por el Gobernador Civil, que les facilitó un coche, no en muy buenas condiciones por cierto, salieron de Málaga hacia Madrid, donde llegaron poco más o menos cuando caía la capital malagueña en poder de italianos y rebeldes, el fatídico 8 de febrero de 1937, y acto seguido empezaron las ejecuciones (Tuñón de Lara) . En la capital encontró con los brazos abiertos a Adolfo Vázquez Humaque, Director de Reforma Agraria, dependiente del Ministerio de Agricultura, y a Ricardo Zabalza, Secretario de la Federación de Trabajadores de la Tierra (FTT), quienes le ofrecieron de inmediato trabajo. Suárez prefirió quedarse en la FTT donde tenía más amigos y conocidos. Se le encargaron de 1937 a 1939 sucesivos trabajos, todos relacionados con lo que más conocía, el campo. Así se encargó de los suministros al Ejército y el abastecimiento de la población de Madrid, recorriendo muchos lugares cercanos a la contienda. Su labor fue admirable, meritoria y de un gran valor. Finalmente terminó en el puerto de Alicante en marzo de 1939, junto con más de quince mil personas, anhelantes todas porvislumbrar un hueco en los barcos que se oía decir vendrían a rescatarles. Anhelos vanos. Allí quedaron sin saber muy bien qué es lo que les podría pasar o que harían con ellos. Al atardecer del día 30 –un día gris de llovizna- entraban las tropas italianas, al mando de Gambara, en columna de camiones que serpenteaba junto al mar. Iban cantando la Giovinezza (Salve o popole d’Eros …) (Citado en Tuñón de Lara). José, con su sobrino Paco Estudillo que le acompañaba tuvo que seguir la ruta de los ya presos de los vencedores de la contienda: La guerra había terminado. Del puerto fueron a dormir a una vaguada, que Suárez la bautizó como el Hotel de la luna, después al Campo de los almendros, más tarde a Campo chico y por último a Porta Coeli. Ha comenzado para él lo más negro de su existencia, vejaciones, humillaciones, y un maltrato que le acompañarán buena parte del resto de su vida. Tiene 46 años y, ya era hora, recupera a su familia.
La cárcel de Medina Sidonia en la fotografía
