Ayer volvimos a ser mediáticos, esta en nuestro sino. Hemos sido protagonistas en la prensa por dos cuestiones bien distintas. Una por el mitín de Rubalcaba, Pizarro y Cabaña en el teatro, la otra por un reportaje de Tano Ramos en el Diario de Cádiz sobre la famosa frase de tiros a la barriga. Tano Ramos es un periodista del Diario de Cádiz especializado en cuestiones judiciales. Lleva mucho tiempo preparando un libro sobre los Sucesos de Casas Viejas centrándose en los aspectos judiciales. El reportaje de hoy va en la misma línea que otras veces. Partiendo de los procesos judiciales le interesa dejar claro la inocencia de Azaña en estos luctuosos Sucesos. Creo que ya casi todo el mundo tiene claro que la
famosa frase de » ni muertos, ni heridos, tiro a la barriga» no fue dicha por Azaña para aplicarla en Casas Viejas y que corresponde a una campaña orquestada por la derecha para desgastar a la coalición republicano-socialista. Yo también tengo claro que el gobierno de Azaña si tuvo responsabilidad política en los hechos y no supo gestionarlos por cuanto hubo de todo menos claridad y transparencia. Creo que el problema militar como argumentaba Julián Casanova (la intervención de estos en la vida pública) fue importante para explicar los Sucesos, pero también el agrario, el político, el educativo…
He entrado en contacto digital muchas veces con Tano Ramos y nos hemos dejado mutuamente información, por eso sé que tiene muchísimos datos de los Sucesos. Tomando cerveza ayer en el bar, un amigo me comenta que en el artículo se dice que fueron 12 muertos, cuando en realidad fueron más. Aclaramos la cuestión al precisar que Tano se está refiriendo a los muertos de la razzia, de los otros 16 ó 13 ó 10 no se habla. Releó en casa el artículo tranquilamente y me deja un cierto sabor agridulce. Me encanta todo lo que se escribe sobre los Sucesos y más si viene de una pluma tan bien informada y trabajada como la de Tano Ramos. Pero no sé si será por el excesivo énfasis en librar de todo rastro de culpa a Azaña o por el hecho de tratar las víctimas y el lugar de una forma secundaria que me deja un cierto sabor amargo de boca. Hay una frase que me parece significativa del artículo: «Y es que lo que había sucedido en Casas Viejas era que la Guardia de Asalto, por orden de Rojas, había detenido a unos cuantos vecinos en sus casas horas después de terminada la lucha y, sin más, los había fusilado. Eso nada tenía que ver con las órdenes de Azaña a Barba, por más que la defensa de Rojas, el abogado Pardo Reina, sostuviese lo contrario. Así quedó patente en el juicio. Pero sólo en el juicio». Yo no creo que los muertos fueran producto de una orden sólo de Rojas (fue el mayor protagonsita, pero no el único) y no creo que el arrasamiento al casarón de los Seisdedos se pueda considerar «lucha». Las fuerzas de orden público utilizaron contra los que estaban en el casarón granadas, una ametralladora, armas de todo tipo y unos 140 guardias (los 90 capitaneados por Rojas se unieron a los 50 que había antes de que él llegara). En el interior ocho personas con dos fusiles como armas para la defensa. Está bien combatir mitos falsos, como el de la famosa frase de tiros a la barriga, pero tenemos que tener cuidado con alimentar otros como la exclusividad en la culpa de Rojas o considerar los muertos de los Sucesos como resultado de una lucha entre unos rebeldes y las fuerzas de orden público. Los sucesos fueron la respuesta del poder al intento de unos hombres de convertir el infierno en que vivían en tierra habitable, hartos de que el cielo prometido no se hacía realidad para ellos nunca. Aquel infierno tuvo su continuidad en enero del 33, en el 36 o en la posguerra y a mí no me gusta olvidarme de esa perspectiva cuando hablo de esos Sucesos. Y es verdad que pienso que Azaña fue en cierto modo también víctima de los Sucesos, pero que María Cruz que está enterrada en el mismo cementerio de Montauban dos filas más atrás, también lo fue.
Las fotos aparecen en el Diario de Cádiz
