En la segunda foto el fondo es el peñón de Gibraltar. A nadie se le esconde ya que estamos ante un tipo de propaganda política subliminal que el franquismo utilizaba con mucha profusión. El fondo es el lema de ¡Gibraltar español! Los lemas en el franquismo servían para resumir la ideología del franquismo, que aunque tuvo distintos componentes para las movilizaciones y la concienciación popular utilizaba elementos de la familia falangista como este Gibraltar español proveniente del hipernacionalismo español. Este Gibraltar español también puede estar relacionado con otros lemas como Arriba España, Una, grande y libre o por el imperio hacia Dios. En 1969 el gobierno español había suprimido las comunicaciones terrestres entre España y Gibraltar. Los accesos permanecieron cerrados hasta siete años después de la muerte de Franco, en 1982, tras la llegada al poder de Felipe González, cuando sólo se abrieron al tráfico peatonal, siendo Jerome Mintz el primero que cruzó la verja. En 1957, en la O. N. U., Martín Artajo había dicho: «La punta Sur de la Península ofrece ejemplo de una de esas anacrónicas supervivencias a la que nuestro país presto dolorida atención». Pero las dos frases que mejor reflejan el espíritu del fondo de esta fotografía se lo debemos, una al ministro Fernando María Castiella: “España, silenciosa, compacta, firme, erguida, espera liquidar esta vieja cuenta que tiene pendiente con el Reino Unido” y la segunda de Manuel Aznar (el abuelo de José Mari):”Gibraltar, la roca, el peñón, sigue siendo honor y deber de los españoles”. Las dos frases se ven reflejadas en el fondo de esta fotografía. Y si las leemos varias veces mientras que contemplamos la fotografía entenderemos como la propaganda franquista por sibilina y persistente actuó sobre nuestra conciencia como una gota malaya. Una gota por sí misma no es nada, pero una gota tras otra acaba reventando la cabeza más dura del orbe.
Le he dado clase a cuatro hijos (uno de ellos está ahora como el abuelo emigrante, salvo que en vez de Alemania, Juan está en Inglaterra) de las tres muchachas de las dos fotografías (con un quinto nos volvimos antixenófobos en Marruecos). A los cuatro les gusta la historia, sobre todo por lo que nos dignifica, porque nos da conocimiento y libertad. Y porque nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida y del paso del tiempo. Esta cierta satisfacción que sentimos por reconocernos y vernos en formato papel o digital es la misma que sintieron, hace ahora cuarenta años, los abuelos Francisco Cabeza Díaz y Catalina Mateos Sánchez cuando vieron a sus hijas atrapadas en esos instantes de papel que son las fotografías, con unos fondos tan distintos a los actuales, pero que son la base de lo que hoy tenemos o sufrimos.
