O Mª Isabel Martín en otra revista del Punterazo: «Desde que era simplemente una pequeña aldea, aunque llena de coraje y valor, ha estado ahí viendo pasar el tiempo (como dice la canción) acompañañndo a niños y ancianos, sin importar la época del año; si llueve, nos ofrece su portal, y si hace calor, la sombra de sus álamos… Sin embargo existen pocas ocasiones en que la compartamos como pueblo unido que somos, todos a la vez: el Marathón. En esa ocasión abre de nuevo sus brazos para albergar la ilusión, las risas y el júbilo de esos partidos de futbito». Y es que en las circunstancias actuales ésta vuelta a la Alameda tiene su simbología, porque como dijo el maestro José Coca en otro punterazo, refiriéndose a los aspectos importantes del maratón:«Ahí está la Alameda. Remozada en la actualidad y siempre vieja». Y ese es el problema, que está vieja porque se le mira y no se le ve. Está vieja por lo descuidada y abandonada que se encuentra física y espiritualmente, está vieja porque no se le cuida como una maravilla antigua que es. Y no es vieja, tiene poco más de un siglo, viejas las pirámides de Egipto o el Partenón de Atenas. A la Alameda le debería pasar como al buen vino o como los monumentos históricos que cuanto más antiguos más valor tienen. Estos días, como en carnaval, la gente nos recuerda que considera a la Alameda como símbolo de nuestras raíces, de nuestra historia, de lo que somos y de lo que no deberíamos dejar que se deteriore como las viejas casas. Casas Viejas ya ha estado bastante tiempo donde habita el olvido, ahora es tiempo de presente y futuro que pasa inevitablemente por respetar y valorar el pasado. Y desde el punto de vista urbanístico ese pasado se escenifica y se materializa en Benalup-Casas Viejas, se quiera o no se quiera, guste o no guste o sea oportuno o inoportuno, en la Alameda.
Termino con un pasodobe de Santo para la Comparsa «De arte» del año 1993
Que, en brazos de mi madre,
Crucé al día siguiente de haber nacidoPor vez primera.
Losas
Que en mis juegos cuidasteis
Que, al caerme de niño,
Nunca en mi cuerpo daño sufriera.
Farolas
Que los secretos de mis amores
Se llevan a su tumba, siempre fiel
Bancos
Testigos mudos de juramentos,
Promesas, palabras, besos
Que en tu regazo robé.Fuiste primera dama invitada,
Privilegiada, del día que me casé.
Mis hijos te presenté,
Les diste mimos de abuela,
Aunque tu cuerpo se resintiera.
¡ Qué pena no poder ver
Los bancos de mi niñez
En mi Alameda bajo el sol de mi vejez !
Pero tus álamos blancos
Seguirán conmigo hablando
Y recordaré todo nuestro ayer.Me despediré,
Me dirán con sus ramas : ¡Adiós, amigo!
Cuando te tenga que cruzar la última vez.

