Seguimos con Mergelina “Son estas chozas circulares o elípticas y en ambos casos el hogar aparece en el centro de ellas, formándolo un pequeño excavado circular en la tierra que se rodea de gruesas piedras. Una de estas chozas presenta muretes levantados con piedras y barro y sobre ellos descansa la cubierta, formada por ramas entrelazadas que en su extremo superior se encajan en horquilla. Sobre ellas otras ramas más pequeñas y una cubierta de palmito. Otras chozas son por entero de ramas y se cubren del mismo modo. A ellas se adosan muretes de piedra que forman cercado donde se cobija el ganado…” En la fotografía se observan los muretes, las cabras y dos niñas guardándolas. Se trata de Francisca y María Ordóñez Moreno. María casó con Manuel Mañez, el cual, más tarde, tuvo que vender el pedazo de tierra donde vivía, lo que hoy es el Tajo de las Figuras para hacer frente al impuesto de la contribución que le exigía el Ayuntamiento de Medina. El pago incluyó una especie de pacto tácito por el que se quedaba a vivir en el lugar y hacía de guarda-guía turístico para los curiosos que progresivamente visitaban las cuevas. Una lluviosa mañana de los años sesenta la guardia civil fue a ofrecerle el puesto de guarda oficial. Lo aceptó como un ingreso más y más tarde se lo pasó a su hijo Andrés Máñez Ordóñez, que estuvo ejerciendo de guardia hasta finales del siglo XX que falleció. Francisca Ordoñez Moreno, la otra niña de la foto, casó con Dionisio Bancalero Ortiz y en 1935 se fueron a vivir a la comunidad de campesinos de Torrecillas y Pedregosillo, donde su marido ejerció de cabezalero. Estas comunidades fueron un intento fallido de 
