El sindicato anarquista en Casas Viejas tiene su origen en 1914, con José Olmo, que llegó huyendo de Medina ante los problemas que tuvo con los propietarios de allí. Olmo fue el gran líder y fundador del sindicato en Casas Viejas, pero nunca ostentó el puesto de presidente; era la manera de evitar los arrestos de la fuerza del orden.
El sindicato se inauguró el 8 de junio de 1914. El primer presidente fue Bernardo Cortabarra, que destacaba por su afición y cualidades para el carnaval. A los seis meses, lo sustituyó Gaspar Zumaquero Vera, que terminó suicidándose a resultas de una celada de la guardia civil. Con motivo del suicidio, vinieron una serie de detenciones y noticias en la prensa que hicieron recordar los sucesos de la Mano Negra. El resultado fue que el centro obrero anarquista fue clausurado. La dura huelga contra el destajo de 1914 estaba como motivo de fondo.
En 1932 reaparece de nuevo el sindicato anarquista; el primer presidente de esta nueva etapa va a ser José Monroy. En el listado de asociaciones profesionales de Cádiz, aparece el sindicato de trabajadores agrícolas de Casas Viejas, de inspiración anarquista, como el mayoritario, creado el 12 de enero de 1932 por Juan Rodríguez Guillén y presidido por José Monroy, el Bailaor. El sindicato, partiendo de esa asociación profesional, fue reorganizado en marzo de 1932 e inaugurado mediante un mitin de Pérez Cordón y Tomás Torrejón. En el anarquismo se valora el simbolismo nominalista; en ese sentido, el centro de Casas Viejas adoptó el significativo nombre de Los Invencibles, tomado de un grupo anarquista parisino que, a su vez, lo había tomado de otro irlandés que combinaba su carácter agrario con su carácter independentista en contra de la presencia inglesa en Irlanda, según cuenta Clara E. Lida.
El Sindicato de Oficios Varios, de inspiración anarquista, se encontraba en lo que hoy es el bar Resbalón. Un sindicato que era algo más de lo que hoy entendemos como tal, pues hacía las funciones de bar, biblioteca, economato y, sobre todo, ente negociador con los patronos para regular las condiciones de trabajo y las contrataciones. Por ello, muchos campesinos pertenecían a él, más por cuestiones de pragmatismo que ideológicas.
Valentín Gutiérrez, el periodista de referencia de la época, escribió en El Sol lo siguiente:
Son 460 los inscritos en el Sindicato, y puede calcularse que las cotizaciones que hacían llegaban a unas cuatro pesetas cada mes por individuo […]. En la calle de San Juan, centro de Casas Viejas, estaba instalado el Centro Obrero. Hay en él una bandera tricolor, donde antes ondeó la rojinegra, y una pareja de guardias civiles en la puerta. Todo está en desorden. Por el suelo, las sillas rotas, los artículos de la cantina, los muebles. Trozos de escombros, una pared acribillada a balazos, dos láminas de Fermín Galán y García Hernández, una de Anselmo Lorenzo y una postal de Bakunin. Folletos libertarios, novelas… De este Centro salieron los que conminaron al alcalde y los que después penetraron en la Administración de Arbitrios y quemaron el archivo.
Las dos fotos de hoy simbolizan la victoria de las fuerzas del orden público sobre el Sindicato de Oficios Varios. En la primera, de Sánchez del Pando, publicada en Prensa Gráfica el 14 de enero de 1933, en Nuevo Mundo el 20 de enero de 1933 y en Mundo Gráfico el 18 de enero de 1933, aparece el interior del sindicato después del destrozo al que fue sometido por las fuerzas de orden público. En la segunda, de Campúa, aparece la entrada del sindicato, lo que hoy es el bar Resbalón. La bandera anarquista fue sustituida por la bandera tricolor republicana, como aparece en la imagen.

