Esta finca era del Estado, que se la había comprado a la familia del marqués de Negrón en 1926 para la instalación de una yeguada militar. Como el experimento no funcionó, los equinos se trasladaron a la finca cordobesa de Moratalla y el cortijo de San José de Malcocinado se quedó como propiedad estatal. Esta compra constituye el precedente del actual San José del Malcocinado, pues gracias a esta yeguada se localizó el agua que luego serviría de base para el posterior poblado y la construcción de los pabellones, algunos de los cuales continúan en la actualidad, aunque con otros usos.
Toda la zona está ligada al
problema agrario, la principal dificultad de modernización debido a la existencia de grandes latifundios tradicionales explotados con mano de obra barata que no generaban riqueza y sí injusticias sociales e inestabilidad. El problema agrario, la Reforma Agraria, sería la cuestión más trascendente de la Segunda República. La lentitud de dicha reforma exasperó a los anarquistas, que intentaron hacer la revolución por su cuenta y riesgo y tuvo en los sucesos de Casas Viejas de enero de 1933 el punto de inflexión.
A raíz de este fracaso y de la derrota, los socialistas tomaron la iniciativa e intentaron hacer realidad el proyecto de Reforma Agraria en la finca del Estado de San José de Malcocinado. El 7 de abril de 1934 se celebró una asamblea constituyente en la que se optó por la explotación colectiva del terrero y se formó la Junta Directiva. Como cabezalero fue elegido José María Mateos Mena, con 24 sufragios (por 12 de Miguel Gutiérrez Rodríguez y 1 de Miguel Fernández Benito), y como síndicos, Benito Ríos López, el de la foto (29 votos), y Miguel Gutiérrez Rodríguez (18 votos).
Ante los problemas surgidos dentro de la propia comunidad, el 1 de octubre fue sustituida por otra encabezada por
José Suárez Orellana, el alma del proyecto; como nuevo síndico entraba Pedro López y continuaba Benito Ríos. Tenían la obligación de reunirse todas las noches (salvo jueves y domingos) para distribuir el trabajo de la jornada siguiente, fiscalizar las cuentas y resolver los problemas internos que surgiesen. Esta Junta daba cuenta a la asamblea de la marcha de la explotación una vez al mes.
Cuando llegó la Guerra Civil, Malcocinado fue uno de los puntos estratégicos del conflicto en la zona. Suárez Orellana tuvo que huir a la zona republicana, a su cuñado y número dos del proyecto,
Francisco Fernández Guerra de la Vega, lo mataron y la Comunidad de Campesinos entró en una etapa de indefinición e incertidumbre que solo el tiempo solucionaría. Como hombre fuerte del nuevo proyecto, y por tanto cabezalero, fue nombrado Benito Ríos, que seguiría en el cargo hasta que fue sustituido por Diego Flor Camacho.
Este es el momento que recoge la fotografía, aunque Benito no aparece como cabezalero de la comunidad, sino como encargado de la panadería, puesto que ocupó desde 1934. Esa pose con el libro de cuentas y el bolígrafo, en ademán de registrar gastos e ingresos en el libro de asientos, nos lo confirma.
Me parece el mensaje principal del retrato: Benito Ríos es el encargado y el responsable de la transparencia, la honradez y el justo funcionamiento de la panadería, la cual tiene un objetivo social, esto es, aprovisionar a la comunidad del alimento principal y tener un funcionamiento comunitario.
No me parece casual, por tanto, que eligiera esa postura para la posteridad.

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En el vale de pan se refleja la Yeguada como barrio o pedanía de Benalup. Es un dato curioso.
A.P.
Cristo, "el de la Cueva", tiene grabados infinidad de videos de acontecimientos del pueblo. El otro día vi uno de Enero de 1989, manifestación por "un término natural y justo". Aparte de casi todi el pueblo de Benalup, había muchísima gente de La Yeguada y los Badalejos.
JRF.